El miedo de dejar a tu bebé con alguien más

 


Cuando Gustavo nació, sentí que nunca podría separarme de él. Después de llevarlo dentro de mí durante nueve meses, pensaba: “Dios no puede estar mejor protegido de lo que está ahora”. Y siendo tan sobreprotectora como soy, para mí eso era paz absoluta.

Pero poco a poco entendí algo difícil de aceptar: tarde o temprano tendríamos que empezar a separarnos un poquito. No porque el amor se haga más pequeño, sino porque él tiene que ir abriéndose camino en la vida.

La primera vez que lo dejé solo sentí una ansiedad enorme. No dejaba de pensar:
¿Estará bien?
¿Ya habrá comido?
¿Me extrañará?
¿Y si algo pasa?

Mi mente no descansaba.

Con el tiempo esa ansiedad fue disminuyendo, así que si hoy estás pasando por esa etapa de “no quiero separarme de mi bebé”, quiero decirte que es completamente normal. A mí me ayudó muchísimo poner a Gustavo en manos de Dios. Tal vez no todos crean en lo mismo, pero personalmente eso me dio paz.

Recuerdo que cuando él era más pequeñito, incluso me costaba dormir por el miedo constante de que algo pudiera pasarle en la noche. Mi ansiedad muchas veces se vuelve un problema real para mí, y aprender a soltar un poco el control fue necesario para poder vivir esta maternidad con más calma.

Ahora Gustavo ya tiene seis meses y pasa las mañanas con Mari, la persona que nos ayuda en casa. Y aunque al principio me costó muchísimo, hoy puedo decir que lo he manejado mucho mejor. Incluso he podido volver a salir al cine con mi esposo sin sentirme culpable, y entendí que esos espacios también son importantes.

Porque muchas veces, cuando nos convertimos en mamás, olvidamos que seguimos siendo mujeres, parejas, amigas y personas con emociones propias. Ponemos toda nuestra energía en cuidar, proteger y estar presentes para nuestros hijos, y sí, eso nace del amor… pero también necesitamos aprender a equilibrarlo.

Eso no significa caer en el abandono o desentendernos. Ningún extremo es sano. Ni vivir con miedo constante de separarnos, ni desconectarnos completamente de nuestros hijos. Se trata de encontrar un balance que nos permita cuidar de ellos sin olvidarnos de nosotras mismas.

Quiero cerrar este blog diciéndote algo que todavía sigo aprendiendo: confiar también es una forma de amar.

Confiar en la persona que elegiste para ayudarte.
Confiar en que tu bebé también estará bien sin ti unas horas.
Y confiar en ti misma, en la mamá que eres.

Porque poco a poco entendemos que nuestros hijos no vienen a quedarse en nuestros brazos para siempre, sino a crecer seguros de que, aunque un día nos alejemos unos pasos, siempre tendrán un hogar al que volver 💛

Sueanny Quezada

No hay comentarios:

Publicar un comentario