FLYING TO THE SKY with Sua
  • home
  • features
  • _No sidebar
  • _right sidebar
  • _Left sidebar
  • Shop
twitter pinterest

Hay días en los que ser mamá pone a prueba hasta la última gota de paciencia que tenemos.

Aunque Gustavo todavía es pequeño, ya puedo imaginar esos momentos que seguramente llegarán: cuando diga "no" por primera vez, cuando haga una rabieta en el supermercado, cuando rompa algo importante o cuando simplemente decida no escucharme.

Y, siendo completamente honesta, sé cuál será mi primer impulso.

Castigarlo.

No porque quiera hacerle daño. Todo lo contrario. Porque así crecimos muchos de nosotros. Nos enseñaron que un castigo era sinónimo de educación. Que los gritos corregían. Que el miedo hacía que los niños aprendieran.

Pero hace poco leí varios estudios sobre disciplina positiva y neurociencia infantil que hicieron tambalear muchas de esas creencias que llevaba conmigo desde hace años.

Y hoy quiero compartir contigo algunas de las reflexiones que más me marcaron.

¿Los niños se portan mal... o simplemente están aprendiendo?

Creo que una de las ideas que más me sorprendió fue entender que la mayoría de las veces los niños no buscan hacernos la vida imposible.

·        No están planeando cómo desafiar nuestra autoridad.

·        No quieren arruinarnos el día.

·        Muchas veces simplemente están aprendiendo cómo funciona el mundo.

·        A veces no entienden una norma.

·        Otras veces buscan atención.

·        En ocasiones están cansados, frustrados o sienten emociones tan grandes que todavía no saben cómo expresarlas.

Cuando cambiamos la pregunta de "¿Por qué se porta tan mal?" por "¿Qué necesita aprender en este momento?", nuestra forma de reaccionar también cambia.

Y eso, para mí, fue un cambio enorme.

El cerebro de nuestros hijos todavía está en construcción

Existe algo que me pareció fascinante.

El cerebro humano no termina de desarrollarse hasta aproximadamente los 25 años.

Sí, leíste bien.

Veinticinco años.

La parte del cerebro encargada de controlar impulsos, reflexionar antes de actuar, ponerse en el lugar del otro y regular las emociones es justamente la última en madurar.

Entonces entendí algo.

Muchas veces esperamos que un niño tenga la capacidad de controlar emociones que ni siquiera algunos adultos sabemos manejar.

No significa que debamos permitir cualquier comportamiento.

Significa que necesitan guía antes que juicio.

El miedo puede detener el aprendizaje

Esta fue probablemente la lección que más me hizo pensar.

Cuando un niño siente miedo —ya sea por un grito, un castigo o una humillación— su cerebro entra en modo supervivencia.

En ese momento deja de aprender.

No está reflexionando sobre lo que hizo.

No está desarrollando empatía.

Solo quiere escapar, defenderse o evitar volver a ser descubierto.

Y entonces apareció una pregunta que todavía sigue dando vueltas en mi cabeza.

¿Quiero que mi hijo haga las cosas bien porque tiene miedo de mí... o porque comprende por qué son importantes?

La respuesta fue evidente.

Castigar no es lo mismo que enseñar consecuencias



Durante mucho tiempo pensé que ambas cosas eran iguales.

Pero no lo son.

El castigo busca que el niño pague por lo que hizo.

Las consecuencias buscan que comprenda el impacto de sus acciones.

Si rompe un juguete por enojo, quizá pueda ayudar a recoger los pedazos.

Si ensucia una pared, puede colaborar limpiándola.

No se trata de humillar.

Se trata de reparar.

Porque la vida también funciona así.

Nuestras acciones tienen consecuencias, pero casi siempre existe la posibilidad de aprender y reconstruir.

Y me gusta mucho más esa enseñanza que simplemente imponer un castigo.

Tal vez primero necesitamos construir una relación

Otra idea que me encantó fue esta:

No podemos pasar el 90 % del tiempo corrigiendo a nuestros hijos y solo el 10 % disfrutando con ellos.

El vínculo se construye jugando.

Ø  Conversando.

Ø  Abrazando.

Ø  Escuchando.

Ø  Riéndonos juntos.

Cuando existe una relación fuerte, los límites también se reciben de una forma diferente.

No porque haya miedo.

Sino porque existe confianza.

Cambiar las preguntas cambia la conversación

En lugar de preguntar:

—¿Por qué hiciste eso?

Podemos intentar decir:

—¿Qué pasó?

—¿Cómo crees que se sintió la otra persona?

—¿Qué podríamos hacer para reparar lo ocurrido?

Son preguntas sencillas.

Pero invitan a pensar.

Y, sobre todo, enseñan responsabilidad sin destruir la autoestima.

Una reflexión que quiero guardar para el futuro

No sé cómo será Gustavo cuando tenga cinco años.

O diez.

O quince.

Seguramente habrá momentos en los que perderé la paciencia. Días en los que sentiré ganas de gritar, de imponer un castigo o de pensar que la solución rápida es la mejor.

No soy una mamá perfecta, ni creo que exista alguien que lo sea.

Pero sí quiero recordar algo cada vez que llegue uno de esos días difíciles.

Mi hijo no necesita una juez.

Necesita una guía.

Alguien que le enseñe con firmeza, pero también con respeto.

Alguien que le marque límites sin hacerle sentir que el amor depende de que siempre haga todo bien.

Porque, al final, no quiero que Gustavo me obedezca por miedo.

Quiero que algún día tome buenas decisiones incluso cuando yo no esté cerca.

Y quizá esa sea la diferencia más grande entre castigar y educar.


¿Y tú qué opinas?

¿Crees que el castigo sigue siendo necesario o también estás descubriendo nuevas formas de educar desde el respeto y la conexión? Me encantaría leerte en los comentarios. 💚

0
Share

 


Cómo el scroll infinito nos está quitando lo más valioso: nuestra atención.

Hay momentos en los que uno cree que solo va a revisar una notificación.

Cinco minutos, un video, un par de publicaciones. Y de pronto levantas la mirada... han pasado cuarenta minutos.

No recuerdas exactamente qué viste, pero sí cómo te sientes: cansada, distraída y con la sensación de que el tiempo simplemente desapareció.

Durante los últimos días decidí investigar sobre el famoso scroll infinito, esa función presente en casi todas las redes sociales que nos permite seguir deslizando el dedo sin encontrar nunca un final.

Mientras más leía, más entendía que no se trataba de una falta de disciplina.

Está diseñado para eso.

¿Qué es el scroll infinito?

Nuestro cerebro recibe pequeñas dosis de dopamina cada vez que deslizamos el dedo esperando encontrar "el siguiente gran video". No es el contenido el que genera el mayor placer, sino la expectativa de descubrir qué viene después. Es el mismo principio que utilizan las máquinas tragamonedas: nunca sabes cuándo llegará la siguiente recompensa, y precisamente esa incertidumbre hace que sea tan difícil detenerse.



Pero toda esa investigación me hizo enfrentar una verdad mucho más incómoda.

No estaba leyendo sobre otras personas. Estaba leyendo sobre mí.

Recuerdo un día en el que Gustavo estaba sentado en el piso intentando llamar mi atención con uno de sus juguetes. Yo respondía con un "ya voy", mientras seguía deslizando el dedo por la pantalla. Cuando finalmente levanté la mirada, él ya estaba entretenido jugando solo. No fue un gran drama. Pero entendí que había elegido un video que hoy no recuerdo, en lugar de esos segundos que jamás volverán.

No significa que dejara de cuidarlo. Jamás he descuidado sus terapias, su alimentación o sus necesidades. Pero sí descubrí que muchas veces estaba físicamente con él... mientras mi mente seguía atrapada dentro de una pantalla.

Y eso me dolió.

Porque entendí que el tiempo no siempre se pierde haciendo cosas malas; a veces también se nos escapa haciendo cosas que parecen inofensivas.

Muchísimo. La maternidad me ha enseñado que los recuerdos importantes casi nunca llegan haciendo ruido.

No existe una notificación que diga:

"Este será el último día que tu bebé intente decir una palabra de esa forma."

 

O:

"Hoy será la última vez que se ría exactamente así."

Esos momentos simplemente pasan. Y si estamos mirando el celular... nunca vuelven.

Lo más impactante de todo es que el scroll infinito ni siquiera fue creado con la intención de volvernos adictos. En 2006, el diseñador Aza Raskin buscaba hacer que navegar fuera más cómodo, eliminando la necesidad de cambiar de página. Sin embargo, con el tiempo esa idea terminó convirtiéndose en una de las herramientas más eficaces para retener nuestra atención durante horas. El propio creador ha reconocido el enorme impacto que tuvo aquel diseño.

Hoy incluso varios organismos internacionales están cuestionando este tipo de diseños porque fomentan un consumo interminable de contenido y dificultan que el usuario decida conscientemente cuándo detenerse.

Y entonces apareció una pregunta que me hizo detenerme.

¿Cuántos momentos importantes estoy cambiando por videos que probablemente olvidaré mañana?

No escribo esto porque ya lo haya logrado. De hecho, sigo luchando contra ese impulso automático de desbloquear el teléfono cada vez que tengo unos minutos libres. Escribo este blog porque necesitaba recordármelo a mí misma.



Una pausa para recuperar nuestra atención

Después de leer tanto sobre este tema entendí que no basta con reconocer el problema; también necesitamos pequeñas acciones que nos ayuden a recuperar el control. No se trata de eliminar las redes sociales de nuestra vida, sino de volver a decidir cuándo queremos usarlas y cuándo preferimos vivir el momento presente.

Estas son tres estrategias sencillas que pienso empezar a aplicar y que quizá también puedan servirte:

Tres formas sencillas de recuperar tu atención.

📱 Cambia tu celular a escala de grises

Nuestro cerebro se siente naturalmente atraído por los colores intensos. Al activar la escala de grises, las aplicaciones pierden parte de ese atractivo visual y disminuye el impulso de abrirlas constantemente. Es un pequeño cambio que puede hacer una gran diferencia.

⏳ Practica la regla de los cinco segundos

Antes de abrir una red social, detente un momento y pregúntate:

¿Voy a entrar porque realmente necesito algo... o solo porque estoy aburrida?

Esos cinco segundos le devuelven a nuestro cerebro la oportunidad de elegir conscientemente, en lugar de actuar por costumbre.

💻 Usa las versiones web cuando sea posible

Puede sonar extraño, pero acceder a redes sociales desde el navegador en lugar de la aplicación suele hacer la experiencia menos "adictiva". Al haber un poco más de fricción y menos automatización, es más fácil recordar por qué entraste y también más sencillo decidir cuándo salir.



·         Quiero volver a aburrirme un poco.

·         Quiero volver a observar las nubes mientras Gustavo juega.

·         Quiero terminar un libro sin revisar Instagram cada diez páginas.

·         Quiero volver a tener conversaciones completas sin mirar una pantalla.

·         Quiero estar presente.

Porque al final entendí algo muy sencillo. Internet siempre tendrá algo nuevo esperándome. Mi hijo, en cambio, solo vivirá esta infancia una vez.

Y ese tiempo... ese sí tiene un final.

Lo que me llevo de esta experiencia

  • La dopamina no siempre significa felicidad.
  • Estar ocupados no es lo mismo que estar presentes.
  • Mi hijo recordará mi atención, no mi tiempo frente al celular.
  • Cinco minutos menos de pantalla pueden convertirse en cinco minutos más de vida.


 


🌿 Un pequeño reto para ti... y para mí

Esta semana quiero intentar algo diferente.

Cuando sienta el impulso de abrir una red social, voy a preguntarme:

¿Estoy buscando algo... o simplemente estoy huyendo del silencio?

Si la respuesta es la segunda, cerraré el celular.

Aunque sea por cinco minutos.

Quizá dentro de algunos años Gustavo no recuerde qué juguetes tenía, qué ropa usaba o qué dibujos animados veía. Pero espero que recuerde que su mamá estaba ahí. Con la mirada puesta en él y no en una pantalla. Y creo que ese también es un regalo que quiero hacerme a mí misma.

Con cariño,

Sua 💙

"Dedicarnos tiempo también significa decidir a quién le regalamos nuestra atención."

 




0
Share

 Hay días en los que parece que el tiempo no alcanza para nada.

Entre las responsabilidades, el trabajo, la casa, la maternidad y esa interminable lista de pendientes, es muy fácil olvidarnos de algo importante: nosotras.

Durante mucho tiempo pensé que para disfrutar de algo que me gustara necesitaba tener una tarde completa libre, que todo estuviera en orden y que no hubiera ninguna obligación esperando por mí. Pero la realidad es que ese momento perfecto casi nunca llega.

Así que decidí cambiar la regla.

Solo necesitaba treinta minutos.

Treinta minutos para hacer algo que alimentara mi alma y no solo mi lista de tareas.

Hace unos días decidí ver la nueva adaptación de Cumbres Borrascosas. Había esperado ese momento con mucha ilusión desde que anunciaron su estreno. Preparé un té, me acomodé en el sillón y, por un rato, dejé que el mundo siguiera girando sin mí.

No fueron horas.

No fue un día entero.

Fueron apenas treinta minutos que me recordaron algo muy importante: sigo siendo esa mujer que se emociona con los libros, que disfruta analizar personajes, imaginar finales y dejarse llevar por una buena historia.

Y qué bonito es recordar quién eres más allá de los roles que desempeñas.

Porque antes de ser mamá, pareja, hija o amiga, también somos mujeres con sueños, curiosidades y pequeños placeres que merecen un espacio en nuestra rutina.

Cumbres Borrascosas



Me hizo volver a pensar en cómo el amor puede transformarse cuando no aprendemos a sanar nuestras heridas. Mientras veía la historia, no podía evitar reflexionar sobre cuánto hemos romantizado relaciones intensas que, en realidad, estaban llenas de dolor, orgullo y silencios.

Ahora que soy madre, no pude evitar cuestionar la decisión de Catherine de dejarse morir porque ya no podía estar junto a Heathcliff. Hoy miro esa historia desde una perspectiva distinta. Pienso que, como adultos, muchas situaciones podrían haberse enfrentado de otra manera. ¿Y si ella hubiera sido completamente sincera con su esposo? ¿Y si Heathcliff hubiera luchado por ese amor desde el principio? Son preguntas que probablemente nunca tendrán respuesta, pero esa es precisamente la magia de esta historia: invita a imaginar finales distintos y a debatir sobre el amor, el orgullo y las decisiones que cambian una vida.



Te dejo una pregunta provocadora para ti: ¿Es posible amar sin intentar poseer al otro, o estamos todos condenados a repetir las ruinas de nuestras propias Cumbres Borrascosas?

Y volviendo al tema de dedicarte 30 minutos, quizá por eso disfruto tanto las historias: porque siempre terminan enseñándome algo sobre la vida y, muchas veces, sobre mí misma.

No se trata solo de ver una película.

Se trata de darte permiso para sentir, para desconectarte un momento del ruido y volver a conectar con aquello que hace feliz a tu corazón.

Treinta minutos pueden parecer muy poco.

Pero a veces son suficientes para recordar que también importas.

Que tus gustos siguen ahí.

Que tus pasiones no desaparecieron; solo estaban esperando un pequeño espacio para volver a florecer.

Hoy mi invitación es sencilla.

No importa si amas leer, pintar, cocinar, caminar, escuchar música, escribir, ver una película o simplemente sentarte con una taza de café en silencio.

Regálate treinta minutos.

No cuando sobre el tiempo.

Hazlo porque tú también eres una prioridad.

Y quién sabe... tal vez esos treinta minutos terminen siendo el mejor regalo que te hiciste en toda la semana.

0
Share

 


Mi calificación

⭐⭐⭐⭐⭐ 5/5

Un libro incómodo, revelador y profundamente necesario. No ofrece respuestas mágicas, pero sí preguntas capaces de cambiar la manera en que entendemos el amor y nuestras relaciones.


¿De qué trata Las mujeres que aman demasiado?

Hay libros que se leen y se olvidan. Y hay otros que te acompañan durante días porque te obligan a mirar hacia dentro. Para mí, Las mujeres que aman demasiado fue uno de esos libros.

En nuestra cultura, existe una peligrosa y profunda confusión entre el amor y el tormento. Hemos crecido bajo el mito de que la intensidad de nuestro afecto se mide por la profundidad del dolor que somos capaces de soportar. La misión de la autora es "abrirte los ojos": "amar demasiado" no es una cuestión de cantidad, sino de obsesión. Es un patrón de pensamiento y conducta que toma el control de tu vida, tu salud y tu integridad, convirtiendo el afecto en una droga destructiva.

Cuando estar enamorada significa sufrir, no estamos ante un romance épico, sino ante una patología emocional. Basándonos en la sabiduría clínica de Robin Norwood, analicemos por qué nos sentimos atraídos por lo que nos destruye y cómo iniciar el camino de regreso hacia nosotros mismos.

¿Qué significa amar demasiado?


Según la autora Robin Norwood, amar demasiado ocurre cuando una relación nos genera más sufrimiento que felicidad, pero aun así seguimos intentando salvarla a toda costa.

No se trata de amar mucho. Amar mucho es hermoso.

Amar demasiado es olvidarnos de nosotras mismas en el proceso.

Es cuando justificamos conductas que nos lastiman, cuando creemos que si damos un poco más todo cambiará, o cuando ponemos las necesidades de la otra persona siempre por encima de las nuestras.

Después de terminar el libro, estas fueron las enseñanzas que más resonaron conmigo y que sigo reflexionando incluso hoy:

1.    Lección 1: El amor no es un "Proyecto de Rehabilitación"

 

Existe un dicho clínico fundamental para entender esta dinámica: "El hambre de amor nos hace hacer malas compras". Cuando una mujer está desesperada por afecto, su discernimiento se nubla y termina eligiendo hombres "dañados", distantes o inaccesibles, con la esperanza de que su amor sea la medicina que los cure. Lo vemos claramente en casos como el de Jill, obsesionada con Randy pese a su desinterés y alcoholismo, o Melanie, quien asume toda la carga económica mientras Sean huye constantemente hacia otras mujeres.

Esta compulsión por ayudar no es un acto de generosidad pura; es lo que llamamos la "Fantasía de Omnipotencia". Creer que somos capaces de cambiar a otro es, en realidad, un mecanismo del ego para evitar mirar nuestro propio vacío interior. Al enfocarnos en las crisis ajenas, evitamos la aterradora tarea de examinar nuestra propia vida. Debemos entenderlo de una vez:

"Las mujeres NO somos centros de rehabilitación".

El complejo de salvadora es, a menudo, una forma de orgullo que nos impide aceptar que somos incapaces de controlar lo incontrolable.

2.    Lección 2: La relación como una adicción bioquímica

La obsesión amorosa funciona con la misma mecánica que la dependencia a la heroína. Casos como el de Tilly ilustran este fenómeno: tras ser abandonada por Jim, su desesperación fue tal que buscó el suicidio. Tilly confundía la intensidad sexual y el drama con la intimidad real. Para una mujer que ama demasiado, los picos de adrenalina generados por la incertidumbre, el miedo al abandono y las reconciliaciones tormentosas son el "choque" que el cerebro confunde con pasión.

Esta adicción es bioquímica. Cuando el contacto se corta, el cuerpo experimenta un síndrome de abstinencia real: náuseas, pánico e insomnio. La mujer se vuelve adicta a la montaña rusa emocional para no sentir la depresión latente que surge en los momentos de calma. Como advierte Norwood con crudeza:

"Amar demasiado puede matar".

 


3.    Lección 3: Las sombras de la infancia y la "Fantasía de Control"

Este patrón no es un error del destino, sino una réplica de hogares disfuncionales donde las necesidades emocionales fueron negadas. Lisa, hija de una madre alcohólica, es el ejemplo perfecto: aprendió desde niña a cuidar a los demás para sentirse segura. En la adultez, buscó a Gary —un hombre adicto— para recrear la misma lucha y, esta vez, intentar ganarla. Intentamos obtener de un hombre inaccesible el amor que no pudimos obtener de nuestros padres.

En estas familias, el "secretismo" es lo que define la disfunción. Para sobrevivir, la niña aprende a negar su propia realidad. Las familias disfuncionales comparten tres características que marcan el comportamiento adulto:

·         Roles rígidos: No hay libertad para expresar necesidades; se debe ser siempre la "niña buena" o la "cuidadora" para que el sistema familiar no colapse.

·         Comunicación restringida: Se prohíbe hablar de los problemas reales ("aquí no pasa nada"), obligando a la niña a desconfiar de sus propias percepciones.

·         Negación de la realidad: Se ignoran hechos dolorosos (como el alcoholismo o la frialdad emocional), creando una incapacidad adulta para detectar el peligro en las relaciones.

 


4. Lección 4: El mito de Eros contra la paz de Ágape

A las mujeres que aman demasiado, un hombre "bueno, estable y confiable" les resulta insoportablemente aburrido. Esto sucede porque en la estabilidad falta el "gancho" del sufrimiento. El aburrimiento es, en realidad, la ausencia de los síntomas de abstinencia que ellas han aprendido a identificar como "química".

Amor Adictivo (Eros)

Amor Sano (Ágape)

Basado en la obsesión y el miedo al abandono.

Basado en la confianza, el respeto y la seguridad.

Se nutre del drama, la incertidumbre y la lucha.

Se nutre de la serenidad y el compañerismo.

La atención está en el "potencial" (lo que él podría ser).

La atención está en la realidad (quién es él hoy).

Genera un torbellino emocional que agota la salud.

Fomenta el crecimiento personal y la paz interior.

 

5. Lección 5: El camino de 10 puntos hacia la recuperación

La recuperación exige que la mujer deje de ser la "super encargada" del espectáculo ajeno y vuelva a ser su propio proyecto de vida. Este es el plan de acción de 10 puntos sugerido por la práctica clínica de Norwood:

1.      Buscar ayuda profesional: La terapia es esencial para abrir y sanar heridas antiguas con seguridad.

2.      Hacer de tu recuperación la prioridad absoluta: Nada es más importante que tu sanación, ni siquiera tu relación actual.

3.      Buscar un grupo de apoyo de pares: Compartir con otras mujeres que entiendan tu experiencia rompe el aislamiento y la vergüenza.

4.      Desarrollar tu lado espiritual: Mediante la práctica diaria de la meditación o la oración para encontrar paz interna.

5.      Dejar de manejar y controlar a los demás: Renuncia a la carga de dirigir la vida de tu pareja; él es un ser completo y responsable.

6.      Aprender a no "engancharse" en los juegos: Detectar las provocaciones y dramas para no reaccionar ante ellos.

7.      Enfrentar con coraje tus propios defectos: Deja de usar el caos ajeno como cortina de humo para no ver tus miedos.

8.      Cultivar lo que necesites desarrollar en ti: Enfócate en tus talentos, hobbies y metas personales.

9.      Volverte "egoísta" (en el sentido sano): Prioriza tus necesidades, deseos y bienestar por encima de complacer a otros.

10.  Compartir lo aprendido: Ayudar a otros desde la salud, no desde la carencia, refuerza tu propio proceso.

 




Mi opinión sobre Las mujeres que aman demasiado

Sanar no es un evento, es un tejido que se construye cada día. Al renunciar al papel de salvadora y dejar de medir tu valor por lo útil que eres para un hombre, haces espacio para que el amor propio florezca. La recuperación te invita a dejar de ser vulnerable a las acciones de los demás y a tomar las riendas de tu felicidad.

Hoy te dejo con una pregunta para la reflexión honesta: ¿Tu relación actual te permite ser todo lo que eres capaz de ser, o es una "jaula llena de alfileres" donde te has acostumbrado a sangrar en nombre del amor? Tu camino hacia la serenidad comienza en el momento en que decides que ya has sufrido suficiente.

Mientras avanzaba en la lectura, me encontré reflexionando sobre preguntas como:

·         ¿Cuántas veces he esperado que alguien cambie para sentirme amada?

·         ¿He confundido amor con sacrificio?

·         ¿Cuándo fue la última vez que me elegí a mí misma?

·         ¿Por qué a veces cuesta tanto poner límites?

No son preguntas cómodas, pero a veces son justamente las que más necesitamos hacernos.

Lo que más me gustó ❤️

Lo que más valoro de este libro es que no juzga.

No señala a las mujeres por quedarse, por insistir o por intentar una vez más. Más bien, nos invita a entender de dónde vienen ciertos patrones y cómo podemos construir relaciones más sanas.

Porque al final, el mensaje no es dejar de amar.

Es aprender a amar sin abandonarnos.

¿Vale la pena leer Las mujeres que aman demasiado?

 

Si algo me dejó esta lectura es que el amor no debería costarnos nuestra paz.

Las relaciones saludables no se construyen desde el miedo, la ansiedad o el sacrificio constante. Se construyen desde el respeto, la reciprocidad y el cuidado mutuo.

Y quizás la lección más importante es esta:

No tenemos que demostrar nuestro valor amando más. Ya somos valiosas, incluso cuando dejamos de luchar por quien no está dispuesto a luchar por nosotras.

 

¿A quién recomiendo este libro?

  • A mujeres que sienten que siempre terminan en relaciones complicadas.
  • A quienes tienen dificultad para poner límites.
  • A quienes están trabajando en su amor propio.
  • A quienes disfrutan los libros de crecimiento personal y psicología aplicada.

 

¿Has leído Las mujeres que aman demasiado? Me encantaría saber qué enseñanza te dejó o cuál de estas lecciones resonó más contigo.

 Te leo en los comentarios. 💛

Y si este libro también dejó huella en ti, comparte esta reseña con otra mujer que pueda necesitarla.


0
Share
Entradas antiguas Inicio
No hemos podido validar tu suscripción.
Se ha realizado tu suscripción.

💌 Únete a esta aventura

Cada nuevo artículo llegará directamente a tu correo.

Lo más visto

#MangaChallenge

¡Hola a todos! Vengo de un largo descanso (n_n), pero algo llamó mucho mi atención: ¡el #MangaChallenge ! Tranquilos, este blog NO contien...

Seamos amigos

  • twitter

Etiquetas

30diasdeamorpropio 51 maneras de salvar a mi novia amor amorperruno amorpropio autoayuda ayuda bienestaremocial BIENVENIDA. blogging bolso carta cartaamiperro challenge cuarto día cumbresborrascosas de depresion depresión desarrollopersonal descarga disciplina doubt enotravida fanfic furuya usamaru futura mamá gran vacion GRANDE hijo historia INFIERNO inio asano io salisaka libro librosrecomendados lychee light club manga maternidad mujer real mujeres mujeresqueamandemasiado musica musica favorita naruse nitou opio OPNIÓN organización semanal palepoli pautas. salir pelicula pequeña perro PERSONAL primer día quinto día relacionesdepareja reseña. reto blog RobinNorwood Rochi sakagami SCROLLING segundo día seinin sentimientos septimo día sexto día short cuts strobe edge tasaki TECNOLOGIA tercer día The Anthem of The Heart tips tipsmaternidad Umine no onnanoko vacio vidaconamor

Datos personales

Mi foto
Sueanny Quezada
Ver todo mi perfil

Buscar este blog

Copyright © 2019 FLYING TO THE SKY with Sua

Created with by Beauty Templates | Distributed by Gooyaabi Templates