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Cómo el scroll infinito nos está quitando lo más valioso: nuestra atención.

Hay momentos en los que uno cree que solo va a revisar una notificación.

Cinco minutos, un video, un par de publicaciones. Y de pronto levantas la mirada... han pasado cuarenta minutos.

No recuerdas exactamente qué viste, pero sí cómo te sientes: cansada, distraída y con la sensación de que el tiempo simplemente desapareció.

Durante los últimos días decidí investigar sobre el famoso scroll infinito, esa función presente en casi todas las redes sociales que nos permite seguir deslizando el dedo sin encontrar nunca un final.

Mientras más leía, más entendía que no se trataba de una falta de disciplina.

Está diseñado para eso.

¿Qué es el scroll infinito?

Nuestro cerebro recibe pequeñas dosis de dopamina cada vez que deslizamos el dedo esperando encontrar "el siguiente gran video". No es el contenido el que genera el mayor placer, sino la expectativa de descubrir qué viene después. Es el mismo principio que utilizan las máquinas tragamonedas: nunca sabes cuándo llegará la siguiente recompensa, y precisamente esa incertidumbre hace que sea tan difícil detenerse.



Pero toda esa investigación me hizo enfrentar una verdad mucho más incómoda.

No estaba leyendo sobre otras personas. Estaba leyendo sobre mí.

Recuerdo un día en el que Gustavo estaba sentado en el piso intentando llamar mi atención con uno de sus juguetes. Yo respondía con un "ya voy", mientras seguía deslizando el dedo por la pantalla. Cuando finalmente levanté la mirada, él ya estaba entretenido jugando solo. No fue un gran drama. Pero entendí que había elegido un video que hoy no recuerdo, en lugar de esos segundos que jamás volverán.

No significa que dejara de cuidarlo. Jamás he descuidado sus terapias, su alimentación o sus necesidades. Pero sí descubrí que muchas veces estaba físicamente con él... mientras mi mente seguía atrapada dentro de una pantalla.

Y eso me dolió.

Porque entendí que el tiempo no siempre se pierde haciendo cosas malas; a veces también se nos escapa haciendo cosas que parecen inofensivas.

Muchísimo. La maternidad me ha enseñado que los recuerdos importantes casi nunca llegan haciendo ruido.

No existe una notificación que diga:

"Este será el último día que tu bebé intente decir una palabra de esa forma."

 

O:

"Hoy será la última vez que se ría exactamente así."

Esos momentos simplemente pasan. Y si estamos mirando el celular... nunca vuelven.

Lo más impactante de todo es que el scroll infinito ni siquiera fue creado con la intención de volvernos adictos. En 2006, el diseñador Aza Raskin buscaba hacer que navegar fuera más cómodo, eliminando la necesidad de cambiar de página. Sin embargo, con el tiempo esa idea terminó convirtiéndose en una de las herramientas más eficaces para retener nuestra atención durante horas. El propio creador ha reconocido el enorme impacto que tuvo aquel diseño.

Hoy incluso varios organismos internacionales están cuestionando este tipo de diseños porque fomentan un consumo interminable de contenido y dificultan que el usuario decida conscientemente cuándo detenerse.

Y entonces apareció una pregunta que me hizo detenerme.

¿Cuántos momentos importantes estoy cambiando por videos que probablemente olvidaré mañana?

No escribo esto porque ya lo haya logrado. De hecho, sigo luchando contra ese impulso automático de desbloquear el teléfono cada vez que tengo unos minutos libres. Escribo este blog porque necesitaba recordármelo a mí misma.



Una pausa para recuperar nuestra atención

Después de leer tanto sobre este tema entendí que no basta con reconocer el problema; también necesitamos pequeñas acciones que nos ayuden a recuperar el control. No se trata de eliminar las redes sociales de nuestra vida, sino de volver a decidir cuándo queremos usarlas y cuándo preferimos vivir el momento presente.

Estas son tres estrategias sencillas que pienso empezar a aplicar y que quizá también puedan servirte:

Tres formas sencillas de recuperar tu atención.

📱 Cambia tu celular a escala de grises

Nuestro cerebro se siente naturalmente atraído por los colores intensos. Al activar la escala de grises, las aplicaciones pierden parte de ese atractivo visual y disminuye el impulso de abrirlas constantemente. Es un pequeño cambio que puede hacer una gran diferencia.

⏳ Practica la regla de los cinco segundos

Antes de abrir una red social, detente un momento y pregúntate:

¿Voy a entrar porque realmente necesito algo... o solo porque estoy aburrida?

Esos cinco segundos le devuelven a nuestro cerebro la oportunidad de elegir conscientemente, en lugar de actuar por costumbre.

💻 Usa las versiones web cuando sea posible

Puede sonar extraño, pero acceder a redes sociales desde el navegador en lugar de la aplicación suele hacer la experiencia menos "adictiva". Al haber un poco más de fricción y menos automatización, es más fácil recordar por qué entraste y también más sencillo decidir cuándo salir.



·         Quiero volver a aburrirme un poco.

·         Quiero volver a observar las nubes mientras Gustavo juega.

·         Quiero terminar un libro sin revisar Instagram cada diez páginas.

·         Quiero volver a tener conversaciones completas sin mirar una pantalla.

·         Quiero estar presente.

Porque al final entendí algo muy sencillo. Internet siempre tendrá algo nuevo esperándome. Mi hijo, en cambio, solo vivirá esta infancia una vez.

Y ese tiempo... ese sí tiene un final.

Lo que me llevo de esta experiencia

  • La dopamina no siempre significa felicidad.
  • Estar ocupados no es lo mismo que estar presentes.
  • Mi hijo recordará mi atención, no mi tiempo frente al celular.
  • Cinco minutos menos de pantalla pueden convertirse en cinco minutos más de vida.


 


🌿 Un pequeño reto para ti... y para mí

Esta semana quiero intentar algo diferente.

Cuando sienta el impulso de abrir una red social, voy a preguntarme:

¿Estoy buscando algo... o simplemente estoy huyendo del silencio?

Si la respuesta es la segunda, cerraré el celular.

Aunque sea por cinco minutos.

Quizá dentro de algunos años Gustavo no recuerde qué juguetes tenía, qué ropa usaba o qué dibujos animados veía. Pero espero que recuerde que su mamá estaba ahí. Con la mirada puesta en él y no en una pantalla. Y creo que ese también es un regalo que quiero hacerme a mí misma.

Con cariño,

Sua 💙

"Dedicarnos tiempo también significa decidir a quién le regalamos nuestra atención."

 




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 Hay días en los que parece que el tiempo no alcanza para nada.

Entre las responsabilidades, el trabajo, la casa, la maternidad y esa interminable lista de pendientes, es muy fácil olvidarnos de algo importante: nosotras.

Durante mucho tiempo pensé que para disfrutar de algo que me gustara necesitaba tener una tarde completa libre, que todo estuviera en orden y que no hubiera ninguna obligación esperando por mí. Pero la realidad es que ese momento perfecto casi nunca llega.

Así que decidí cambiar la regla.

Solo necesitaba treinta minutos.

Treinta minutos para hacer algo que alimentara mi alma y no solo mi lista de tareas.

Hace unos días decidí ver la nueva adaptación de Cumbres Borrascosas. Había esperado ese momento con mucha ilusión desde que anunciaron su estreno. Preparé un té, me acomodé en el sillón y, por un rato, dejé que el mundo siguiera girando sin mí.

No fueron horas.

No fue un día entero.

Fueron apenas treinta minutos que me recordaron algo muy importante: sigo siendo esa mujer que se emociona con los libros, que disfruta analizar personajes, imaginar finales y dejarse llevar por una buena historia.

Y qué bonito es recordar quién eres más allá de los roles que desempeñas.

Porque antes de ser mamá, pareja, hija o amiga, también somos mujeres con sueños, curiosidades y pequeños placeres que merecen un espacio en nuestra rutina.

Cumbres Borrascosas



Me hizo volver a pensar en cómo el amor puede transformarse cuando no aprendemos a sanar nuestras heridas. Mientras veía la historia, no podía evitar reflexionar sobre cuánto hemos romantizado relaciones intensas que, en realidad, estaban llenas de dolor, orgullo y silencios.

Ahora que soy madre, no pude evitar cuestionar la decisión de Catherine de dejarse morir porque ya no podía estar junto a Heathcliff. Hoy miro esa historia desde una perspectiva distinta. Pienso que, como adultos, muchas situaciones podrían haberse enfrentado de otra manera. ¿Y si ella hubiera sido completamente sincera con su esposo? ¿Y si Heathcliff hubiera luchado por ese amor desde el principio? Son preguntas que probablemente nunca tendrán respuesta, pero esa es precisamente la magia de esta historia: invita a imaginar finales distintos y a debatir sobre el amor, el orgullo y las decisiones que cambian una vida.



Te dejo una pregunta provocadora para ti: ¿Es posible amar sin intentar poseer al otro, o estamos todos condenados a repetir las ruinas de nuestras propias Cumbres Borrascosas?

Y volviendo al tema de dedicarte 30 minutos, quizá por eso disfruto tanto las historias: porque siempre terminan enseñándome algo sobre la vida y, muchas veces, sobre mí misma.

No se trata solo de ver una película.

Se trata de darte permiso para sentir, para desconectarte un momento del ruido y volver a conectar con aquello que hace feliz a tu corazón.

Treinta minutos pueden parecer muy poco.

Pero a veces son suficientes para recordar que también importas.

Que tus gustos siguen ahí.

Que tus pasiones no desaparecieron; solo estaban esperando un pequeño espacio para volver a florecer.

Hoy mi invitación es sencilla.

No importa si amas leer, pintar, cocinar, caminar, escuchar música, escribir, ver una película o simplemente sentarte con una taza de café en silencio.

Regálate treinta minutos.

No cuando sobre el tiempo.

Hazlo porque tú también eres una prioridad.

Y quién sabe... tal vez esos treinta minutos terminen siendo el mejor regalo que te hiciste en toda la semana.

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Mi calificación

⭐⭐⭐⭐⭐ 5/5

Un libro incómodo, revelador y profundamente necesario. No ofrece respuestas mágicas, pero sí preguntas capaces de cambiar la manera en que entendemos el amor y nuestras relaciones.


¿De qué trata Las mujeres que aman demasiado?

Hay libros que se leen y se olvidan. Y hay otros que te acompañan durante días porque te obligan a mirar hacia dentro. Para mí, Las mujeres que aman demasiado fue uno de esos libros.

En nuestra cultura, existe una peligrosa y profunda confusión entre el amor y el tormento. Hemos crecido bajo el mito de que la intensidad de nuestro afecto se mide por la profundidad del dolor que somos capaces de soportar. La misión de la autora es "abrirte los ojos": "amar demasiado" no es una cuestión de cantidad, sino de obsesión. Es un patrón de pensamiento y conducta que toma el control de tu vida, tu salud y tu integridad, convirtiendo el afecto en una droga destructiva.

Cuando estar enamorada significa sufrir, no estamos ante un romance épico, sino ante una patología emocional. Basándonos en la sabiduría clínica de Robin Norwood, analicemos por qué nos sentimos atraídos por lo que nos destruye y cómo iniciar el camino de regreso hacia nosotros mismos.

¿Qué significa amar demasiado?


Según la autora Robin Norwood, amar demasiado ocurre cuando una relación nos genera más sufrimiento que felicidad, pero aun así seguimos intentando salvarla a toda costa.

No se trata de amar mucho. Amar mucho es hermoso.

Amar demasiado es olvidarnos de nosotras mismas en el proceso.

Es cuando justificamos conductas que nos lastiman, cuando creemos que si damos un poco más todo cambiará, o cuando ponemos las necesidades de la otra persona siempre por encima de las nuestras.

Después de terminar el libro, estas fueron las enseñanzas que más resonaron conmigo y que sigo reflexionando incluso hoy:

1.    Lección 1: El amor no es un "Proyecto de Rehabilitación"

 

Existe un dicho clínico fundamental para entender esta dinámica: "El hambre de amor nos hace hacer malas compras". Cuando una mujer está desesperada por afecto, su discernimiento se nubla y termina eligiendo hombres "dañados", distantes o inaccesibles, con la esperanza de que su amor sea la medicina que los cure. Lo vemos claramente en casos como el de Jill, obsesionada con Randy pese a su desinterés y alcoholismo, o Melanie, quien asume toda la carga económica mientras Sean huye constantemente hacia otras mujeres.

Esta compulsión por ayudar no es un acto de generosidad pura; es lo que llamamos la "Fantasía de Omnipotencia". Creer que somos capaces de cambiar a otro es, en realidad, un mecanismo del ego para evitar mirar nuestro propio vacío interior. Al enfocarnos en las crisis ajenas, evitamos la aterradora tarea de examinar nuestra propia vida. Debemos entenderlo de una vez:

"Las mujeres NO somos centros de rehabilitación".

El complejo de salvadora es, a menudo, una forma de orgullo que nos impide aceptar que somos incapaces de controlar lo incontrolable.

2.    Lección 2: La relación como una adicción bioquímica

La obsesión amorosa funciona con la misma mecánica que la dependencia a la heroína. Casos como el de Tilly ilustran este fenómeno: tras ser abandonada por Jim, su desesperación fue tal que buscó el suicidio. Tilly confundía la intensidad sexual y el drama con la intimidad real. Para una mujer que ama demasiado, los picos de adrenalina generados por la incertidumbre, el miedo al abandono y las reconciliaciones tormentosas son el "choque" que el cerebro confunde con pasión.

Esta adicción es bioquímica. Cuando el contacto se corta, el cuerpo experimenta un síndrome de abstinencia real: náuseas, pánico e insomnio. La mujer se vuelve adicta a la montaña rusa emocional para no sentir la depresión latente que surge en los momentos de calma. Como advierte Norwood con crudeza:

"Amar demasiado puede matar".

 


3.    Lección 3: Las sombras de la infancia y la "Fantasía de Control"

Este patrón no es un error del destino, sino una réplica de hogares disfuncionales donde las necesidades emocionales fueron negadas. Lisa, hija de una madre alcohólica, es el ejemplo perfecto: aprendió desde niña a cuidar a los demás para sentirse segura. En la adultez, buscó a Gary —un hombre adicto— para recrear la misma lucha y, esta vez, intentar ganarla. Intentamos obtener de un hombre inaccesible el amor que no pudimos obtener de nuestros padres.

En estas familias, el "secretismo" es lo que define la disfunción. Para sobrevivir, la niña aprende a negar su propia realidad. Las familias disfuncionales comparten tres características que marcan el comportamiento adulto:

·         Roles rígidos: No hay libertad para expresar necesidades; se debe ser siempre la "niña buena" o la "cuidadora" para que el sistema familiar no colapse.

·         Comunicación restringida: Se prohíbe hablar de los problemas reales ("aquí no pasa nada"), obligando a la niña a desconfiar de sus propias percepciones.

·         Negación de la realidad: Se ignoran hechos dolorosos (como el alcoholismo o la frialdad emocional), creando una incapacidad adulta para detectar el peligro en las relaciones.

 


4. Lección 4: El mito de Eros contra la paz de Ágape

A las mujeres que aman demasiado, un hombre "bueno, estable y confiable" les resulta insoportablemente aburrido. Esto sucede porque en la estabilidad falta el "gancho" del sufrimiento. El aburrimiento es, en realidad, la ausencia de los síntomas de abstinencia que ellas han aprendido a identificar como "química".

Amor Adictivo (Eros)

Amor Sano (Ágape)

Basado en la obsesión y el miedo al abandono.

Basado en la confianza, el respeto y la seguridad.

Se nutre del drama, la incertidumbre y la lucha.

Se nutre de la serenidad y el compañerismo.

La atención está en el "potencial" (lo que él podría ser).

La atención está en la realidad (quién es él hoy).

Genera un torbellino emocional que agota la salud.

Fomenta el crecimiento personal y la paz interior.

 

5. Lección 5: El camino de 10 puntos hacia la recuperación

La recuperación exige que la mujer deje de ser la "super encargada" del espectáculo ajeno y vuelva a ser su propio proyecto de vida. Este es el plan de acción de 10 puntos sugerido por la práctica clínica de Norwood:

1.      Buscar ayuda profesional: La terapia es esencial para abrir y sanar heridas antiguas con seguridad.

2.      Hacer de tu recuperación la prioridad absoluta: Nada es más importante que tu sanación, ni siquiera tu relación actual.

3.      Buscar un grupo de apoyo de pares: Compartir con otras mujeres que entiendan tu experiencia rompe el aislamiento y la vergüenza.

4.      Desarrollar tu lado espiritual: Mediante la práctica diaria de la meditación o la oración para encontrar paz interna.

5.      Dejar de manejar y controlar a los demás: Renuncia a la carga de dirigir la vida de tu pareja; él es un ser completo y responsable.

6.      Aprender a no "engancharse" en los juegos: Detectar las provocaciones y dramas para no reaccionar ante ellos.

7.      Enfrentar con coraje tus propios defectos: Deja de usar el caos ajeno como cortina de humo para no ver tus miedos.

8.      Cultivar lo que necesites desarrollar en ti: Enfócate en tus talentos, hobbies y metas personales.

9.      Volverte "egoísta" (en el sentido sano): Prioriza tus necesidades, deseos y bienestar por encima de complacer a otros.

10.  Compartir lo aprendido: Ayudar a otros desde la salud, no desde la carencia, refuerza tu propio proceso.

 




Mi opinión sobre Las mujeres que aman demasiado

Sanar no es un evento, es un tejido que se construye cada día. Al renunciar al papel de salvadora y dejar de medir tu valor por lo útil que eres para un hombre, haces espacio para que el amor propio florezca. La recuperación te invita a dejar de ser vulnerable a las acciones de los demás y a tomar las riendas de tu felicidad.

Hoy te dejo con una pregunta para la reflexión honesta: ¿Tu relación actual te permite ser todo lo que eres capaz de ser, o es una "jaula llena de alfileres" donde te has acostumbrado a sangrar en nombre del amor? Tu camino hacia la serenidad comienza en el momento en que decides que ya has sufrido suficiente.

Mientras avanzaba en la lectura, me encontré reflexionando sobre preguntas como:

·         ¿Cuántas veces he esperado que alguien cambie para sentirme amada?

·         ¿He confundido amor con sacrificio?

·         ¿Cuándo fue la última vez que me elegí a mí misma?

·         ¿Por qué a veces cuesta tanto poner límites?

No son preguntas cómodas, pero a veces son justamente las que más necesitamos hacernos.

Lo que más me gustó ❤️

Lo que más valoro de este libro es que no juzga.

No señala a las mujeres por quedarse, por insistir o por intentar una vez más. Más bien, nos invita a entender de dónde vienen ciertos patrones y cómo podemos construir relaciones más sanas.

Porque al final, el mensaje no es dejar de amar.

Es aprender a amar sin abandonarnos.

¿Vale la pena leer Las mujeres que aman demasiado?

 

Si algo me dejó esta lectura es que el amor no debería costarnos nuestra paz.

Las relaciones saludables no se construyen desde el miedo, la ansiedad o el sacrificio constante. Se construyen desde el respeto, la reciprocidad y el cuidado mutuo.

Y quizás la lección más importante es esta:

No tenemos que demostrar nuestro valor amando más. Ya somos valiosas, incluso cuando dejamos de luchar por quien no está dispuesto a luchar por nosotras.

 

¿A quién recomiendo este libro?

  • A mujeres que sienten que siempre terminan en relaciones complicadas.
  • A quienes tienen dificultad para poner límites.
  • A quienes están trabajando en su amor propio.
  • A quienes disfrutan los libros de crecimiento personal y psicología aplicada.

 

¿Has leído Las mujeres que aman demasiado? Me encantaría saber qué enseñanza te dejó o cuál de estas lecciones resonó más contigo.

 Te leo en los comentarios. 💛

Y si este libro también dejó huella en ti, comparte esta reseña con otra mujer que pueda necesitarla.


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 "Hoy quiero hablar de algo que parece superficial, pero que en realidad es un acto de amor propio: tomarte una selfie. Porque entre pañales, responsabilidades y el día a día, a veces olvidamos que nosotras también merecemos aparecer en la historia que estamos viviendo."


Esta foto es una foto sin filtros, sin maquillaje y sin pretensiones. Una foto que me recuerda quién soy cuando dejo de intentar cumplir expectativas y simplemente existo.

Cuando la veo, recuerdo que sigo siendo yo. La misma mujer que sueña, que ríe, que se equivoca, que aprende y que sigue adelante incluso en los días difíciles.

Y también me recuerda algo importante: merezco tomarme más fotitos. No cuando me vea perfecta, sino ahora. Porque mi vida está ocurriendo en este momento y yo también merezco aparecer en ella.

Quizás dentro de algunos años vea esta imagen y no me fije en los detalles que hoy podría criticar. Veré a una mujer haciendo lo mejor que podía, amando profundamente y construyendo una vida llena de recuerdos.

Por eso hoy me prometo tomarme más fotos, honrarme más y amarme con ese loco amor que tantas veces entrego a los demás.

Hoy estaba revisando las fotos de mi celular y me di cuenta de algo curioso: tengo cientos de fotos de Gustavo. Sonriendo, durmiendo, jugando, descubriendo el mundo. Pero cuando busqué fotos mías, encontré muy pocas.

Y pensé... ¿en qué momento dejamos de aparecer en nuestras propias historias?

A veces esperamos sentirnos más arregladas, haber dormido mejor o tener el cabello perfecto para tomarnos una foto. Nos convencemos de que hoy no es el día adecuado. Y así pasan semanas, meses e incluso años.

Pero la verdad es que merecemos estar presentes en nuestros recuerdos, tal y como somos.

Tomarte una selfie no es un acto de vanidad. Es una forma de decir: "Yo también estuve aquí". Es guardar evidencia de tu esfuerzo, de tus sonrisas, de tus días buenos y también de los difíciles.

Dentro de algunos años, cuando veas esas fotografías, no recordarás si tenías ojeras o si tu ropa combinaba perfectamente. Recordarás quién eras en ese momento de tu vida. Recordarás cuánto amabas, cuánto luchabas y cuánto crecías.

Así que hoy quiero recordarte algo:

Tómate la selfie.

-Aunque no te sientas perfecta.

-Aunque estés cansada.

-Aunque el día haya sido un caos.

Porque mereces existir en las fotografías que cuentan tu historia.

No olvides honrarte. No olvides celebrarte. No olvides amarte con loco amor.

La persona que ves en el espejo también merece toda la ternura, paciencia y cariño que das a los demás cada día.

Y créeme, algún día agradecerás haber guardado esos pequeños recuerdos de ti misma.

Así que ve por tu teléfono, sonríe (o no), y toma esa foto. La mujer que eres hoy merece ser recordada. ❤️



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Salir con un bebé por primera vez puede sentirse como preparar una expedición. De pronto descubres que una salida de una hora requiere más planificación que un viaje completo. Con el tiempo aprendes que no todo tiene que ser perfecto, pero sí hay algunas cosas que hacen la experiencia mucho más tranquila. Estos son los consejos que más me han ayudado como mamá primeriza.

Cuando nos convertimos en mamás, salir de casa deja de ser algo tan simple como tomar las llaves y cerrar la puerta. Ahora pensamos en pañales, ropa, alimentación, si hará frío o calor y en mil escenarios posibles que antes ni imaginábamos.

Después de varias salidas con mi bebé, estos son algunos consejos que me han ayudado a sentirme más preparada y disfrutar más del momento.

1. Siempre lleva un biberón preparado

Aunque parezca obvio, una de las cosas que más tranquilidad me da al salir es saber que tengo alimento listo para mi bebé. Los bebés tienen su propio reloj y muchas veces el hambre aparece justo cuando menos lo esperamos.

Tener un biberón preparado evita momentos de estrés y te permite atender rápidamente sus necesidades. Incluso si piensas que la salida será corta, es mejor prevenir que lamentar.

2. Nunca olvides una o dos mudadas de ropa extra

Los bebés tienen un talento especial para ensuciarse justo cuando llevamos la ropa perfecta. Un pequeño derrame de leche, una regurgitación o un pañal que decidió fallar pueden cambiar completamente el panorama.

Por eso siempre llevo al menos una o dos mudadas completas. Créeme, cuando llegue ese momento, agradecerás haber ocupado ese pequeño espacio extra en tu bolso.

3. Si tienes coche, llévalo

Al principio pensé que podría cargar a mi bebé todo el tiempo, pero la realidad es que el coche se convierte en uno de los mejores aliados para cualquier salida.

No solo permite que tu bebé descanse cómodamente, sino que también te da libertad para caminar, hacer compras o simplemente descansar los brazos durante unos minutos. Para mí, se ha vuelto prácticamente indispensable.

4. Lleva siempre pañales extra

Existe una ley no escrita de la maternidad: cuando crees que llevas suficientes pañales, probablemente necesitarás uno más.

Nunca sabes cuánto durará una salida o si surgirá algún imprevisto. Llevar pañales adicionales ocupa poco espacio y puede evitarte situaciones bastante incómodas.

5. Elige sitios tranquilos

Durante los primeros meses, los bebés pueden sentirse abrumados por los lugares muy ruidosos o llenos de gente.

Siempre que sea posible, busca espacios tranquilos donde puedas alimentarlo, cambiarlo o simplemente darle un momento de calma si se pone inquieto. Además, estos lugares también suelen ser más relajantes para nosotras como mamás.

6. Usa ropa cómoda para ti y para tu bebé

La comodidad siempre debe estar por encima de cualquier otra cosa.

Cuando tú te sientes cómoda, te mueves con mayor facilidad, disfrutas más la salida y puedes atender mejor a tu bebé. Lo mismo ocurre con ellos: una ropa adecuada al clima y que les permita moverse libremente hará que estén mucho más felices durante el paseo.

7. Lleva siempre una cobija o manta

Aunque el día parezca perfecto y haga calor, el clima puede cambiar en cuestión de minutos.

Una manta puede servir para proteger del viento, cubrir al bebé durante una siesta, crear sombra o simplemente brindarle una sensación de seguridad cuando está fuera de casa. Es uno de esos objetos que casi nunca parecen necesarios... hasta que realmente lo son.

Conclusión

Si algo he aprendido desde que me convertí en mamá es que nunca estaremos completamente preparadas para todo, y está bien. La maternidad también consiste en aprender sobre la marcha, equivocarnos y descubrir lo que funciona para nosotras y nuestros bebés.

Estos consejos no buscan que cargues más cosas o que te preocupes más, sino que te ayuden a sentirte un poco más tranquila para disfrutar de cada salida. Porque al final, los recuerdos más bonitos no son los de las salidas perfectas, sino aquellos momentos sencillos en los que vemos a nuestros pequeños descubrir el mundo por primera vez.

Y si eres una mamá primeriza como yo, recuerda algo importante: lo estás haciendo mejor de lo que crees.

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