Querida
Sueanny:
No sé si
alguna vez alguien te escribió una carta para pedirte perdón.
Quizá por
eso hoy quiero hacerlo yo.
Porque
hay palabras que llevo demasiado tiempo debiéndote.
Antes que
nada, quiero darte las gracias.
Gracias
por seguir aquí.
Sé que no
ha sido un camino sencillo. Sé que hubo días en los que sonreías mientras por
dentro intentabas recoger los pedazos de un corazón cansado. Días en los que
dudabas de ti, de tus decisiones y hasta de tu propio valor. Días en los que
pensabas que, si hacías un esfuerzo más, si amabas un poco más o si dabas un
poco más de ti, finalmente serías suficiente para alguien.
Y, aun
así, nunca dejaste de seguir adelante.
Pero hoy
no quiero hablar de tu fortaleza.
Hoy
quiero pedirte perdón.
Perdón
por todas las veces que te hice creer que no eras suficiente.
Perdón
por exigirte tanto cuando apenas estabas aprendiendo. Por compararte con
personas que iban por caminos completamente distintos al tuyo. Por hacerte
sentir pequeña cada vez que algo no salía perfecto.
Olvidé
que nadie nace sabiendo.
Olvidé
que equivocarse también es una forma de crecer.
Perdón
por todas las veces que te miraste al espejo buscando defectos.
Qué
injusta fui contigo.
Ese
cuerpo al que tantas veces criticaste fue el mismo que sostuvo tus peores días.
El mismo que soportó el cansancio, el miedo, las lágrimas y, sobre todo, el
milagro más grande que has vivido: traer a Gustavo al mundo.
Mientras
tú solo veías estrías, kilos de más o aquello que querías cambiar, él seguía
trabajando todos los días para mantenerte viva.
Quizá no
sea el cuerpo que imaginabas tener, pero ha sido el hogar que nunca te
abandonó.
Prometo
que, a partir de hoy, voy a intentar mirarte con más ternura y menos exigencia.
Pero
también quiero pedirte perdón por algo que durante mucho tiempo no supe ver.
Perdón
por todas las veces que te hiciste pequeña para caber en la vida de alguien
más.
Perdón
por creer que, si cambiabas un poco más, si callabas un poco más o si
soportabas un poco más, finalmente serías suficiente para esa persona.
Hoy puedo
mirar esa historia con otros ojos.
Ya no
siento rabia.
Tampoco
necesito señalar culpables.
Solo
entiendo que estaba intentando recibir amor de alguien que no sabía cómo
ofrecerlo.
Y
mientras intentaba encajar en un lugar donde nunca pertenecí, fui dejando
partes de mí en el camino.
Dejé de
decir lo que pensaba.
Dejé de
defender lo que necesitaba.
Dejé de
ocupar el espacio que merecía.
Me
convencí de que amar significaba sacrificarme.
Que
querer era aguantar.
Que, si
soportaba un poco más, algún día todo cambiaría.
Y qué
equivocada estaba.
Hoy
entiendo que el amor nunca debería pedirte que renuncies a quien eres para
poder conservarlo.
Perdón
por haberte hecho creer que desaparecer un poco era la única forma de que
alguien se quedara.
Porque
quien realmente te ama nunca necesita que seas menos para sentirse más.
Perdón
por todas las veces que entregaste tu corazón completo a personas que apenas
sostenían una pequeña parte del suyo.
Sé cuánto
te esforzabas.
Pensabas
que, si eras más paciente, más amable o más comprensiva, finalmente alguien
elegiría quedarse.
Pero el
amor nunca debió sentirse como un examen que había que aprobar.
Las
personas correctas no necesitan que te rompas para demostrar cuánto las amas.
Perdón
por las veces que callaste.
Por todas
esas conversaciones que ensayaste una y otra vez en tu cabeza, pero nunca
pronunciaste por miedo a incomodar a alguien.
Qué
triste pensar que llegaste a creer que tus sentimientos eran una carga.
No lo
eran.
Nunca lo
fueron.
Tu voz
siempre mereció ser escuchada.
Y, por
favor, perdóname por haber dudado de ti cuando supiste que ibas a ser mamá.
Recuerdo
ese miedo.
Recuerdo
preguntarme si seríamos capaces.
Si
estaríamos a la altura.
Si
Gustavo algún día sentiría que tenía una buena madre.
Hoy, cada
vez que él sonríe al verte, encuentro la respuesta.
No eres
una mamá perfecta.
Pero eres
exactamente la mamá que él necesita.
Y eso
basta.
También
quiero agradecerte por haber tenido el valor de volver a creer en el amor.
Porque
después de las heridas es fácil levantar muros.
Es fácil
pensar que todas las historias terminarán igual.
Pero la
vida, a veces, también nos regala personas que deciden quedarse para construir
y no para destruir.
Hoy mi
relación también tiene cicatrices.
Hemos
cometido errores.
Nos hemos
herido.
Hemos
llorado.
Y ha
habido momentos en los que parecía más sencillo rendirse que continuar.
Pero hay
una diferencia enorme con respecto al pasado.
Hoy
camino junto a alguien que también ha decidido mirar hacia adentro.
Alguien
que reconoce que aún tiene cosas por sanar, que entiende que el amor también
requiere trabajo y que está dispuesto a crecer a mi lado.
Y yo
también lo estoy.
Porque
entendí que una relación no sobrevive porque dos personas nunca fallen.
Sobrevive
cuando ambas tienen la humildad de reconocer sus errores, pedir perdón,
aprender y volver a elegirse una y otra vez.
Ya no
busco un amor perfecto.
Busco un
amor donde los dos queramos construir.
Donde
ambos estemos dispuestos a convertirnos en una mejor versión de nosotros
mismos.
Y creo
que esa diferencia cambia absolutamente todo.
Sue...
No puedo
cambiar el pasado.
No puedo
borrar las lágrimas que derramaste ni las noches en las que sentiste que no
eras suficiente.
Pero sí
puedo prometerte algo.
La
próxima vez que tropieces, no voy a insultarte.
Voy a
darte la mano.
La
próxima vez que te mires al espejo, intentaré buscar primero todo lo que hace
hermoso a ese cuerpo que tanto ha luchado.
La
próxima vez que alguien no sepa valorar tu corazón, no pensaré que eres tú
quien tiene menos valor.
Y la
próxima vez que olvides quién eres...
Voy a
volver a escribirte.
Porque
mereces escuchar de ti misma las palabras que tantas veces esperaste recibir de
alguien más.
Con todo
el amor que, por fin, estoy aprendiendo a darte,
Sue.
¿Y si hoy también te escribieras una carta?
A veces
somos expertos en perdonar a los demás, pero olvidamos pedirnos perdón a
nosotros mismos.
Quizá el
amor propio no empieza con un gran cambio, sino con una simple frase:
"Lo
siento por todo lo que te hice creer de ti."
Tal vez
hoy sea un buen día para empezar esa conversación.
















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