FLYING TO THE SKY with Sua
  • home
  • features
  • _No sidebar
  • _right sidebar
  • _Left sidebar
  • Shop
twitter pinterest

 


Mi calificación

⭐⭐⭐⭐⭐ 5/5

Un libro incómodo, revelador y profundamente necesario. No ofrece respuestas mágicas, pero sí preguntas capaces de cambiar la manera en que entendemos el amor y nuestras relaciones.


¿De qué trata Las mujeres que aman demasiado?

Hay libros que se leen y se olvidan. Y hay otros que te acompañan durante días porque te obligan a mirar hacia dentro. Para mí, Las mujeres que aman demasiado fue uno de esos libros.

En nuestra cultura, existe una peligrosa y profunda confusión entre el amor y el tormento. Hemos crecido bajo el mito de que la intensidad de nuestro afecto se mide por la profundidad del dolor que somos capaces de soportar. La misión de la autora es "abrirte los ojos": "amar demasiado" no es una cuestión de cantidad, sino de obsesión. Es un patrón de pensamiento y conducta que toma el control de tu vida, tu salud y tu integridad, convirtiendo el afecto en una droga destructiva.

Cuando estar enamorada significa sufrir, no estamos ante un romance épico, sino ante una patología emocional. Basándonos en la sabiduría clínica de Robin Norwood, analicemos por qué nos sentimos atraídos por lo que nos destruye y cómo iniciar el camino de regreso hacia nosotros mismos.

¿Qué significa amar demasiado?


Según la autora Robin Norwood, amar demasiado ocurre cuando una relación nos genera más sufrimiento que felicidad, pero aun así seguimos intentando salvarla a toda costa.

No se trata de amar mucho. Amar mucho es hermoso.

Amar demasiado es olvidarnos de nosotras mismas en el proceso.

Es cuando justificamos conductas que nos lastiman, cuando creemos que si damos un poco más todo cambiará, o cuando ponemos las necesidades de la otra persona siempre por encima de las nuestras.

Después de terminar el libro, estas fueron las enseñanzas que más resonaron conmigo y que sigo reflexionando incluso hoy:

1.    Lección 1: El amor no es un "Proyecto de Rehabilitación"

 

Existe un dicho clínico fundamental para entender esta dinámica: "El hambre de amor nos hace hacer malas compras". Cuando una mujer está desesperada por afecto, su discernimiento se nubla y termina eligiendo hombres "dañados", distantes o inaccesibles, con la esperanza de que su amor sea la medicina que los cure. Lo vemos claramente en casos como el de Jill, obsesionada con Randy pese a su desinterés y alcoholismo, o Melanie, quien asume toda la carga económica mientras Sean huye constantemente hacia otras mujeres.

Esta compulsión por ayudar no es un acto de generosidad pura; es lo que llamamos la "Fantasía de Omnipotencia". Creer que somos capaces de cambiar a otro es, en realidad, un mecanismo del ego para evitar mirar nuestro propio vacío interior. Al enfocarnos en las crisis ajenas, evitamos la aterradora tarea de examinar nuestra propia vida. Debemos entenderlo de una vez:

"Las mujeres NO somos centros de rehabilitación".

El complejo de salvadora es, a menudo, una forma de orgullo que nos impide aceptar que somos incapaces de controlar lo incontrolable.

2.    Lección 2: La relación como una adicción bioquímica

La obsesión amorosa funciona con la misma mecánica que la dependencia a la heroína. Casos como el de Tilly ilustran este fenómeno: tras ser abandonada por Jim, su desesperación fue tal que buscó el suicidio. Tilly confundía la intensidad sexual y el drama con la intimidad real. Para una mujer que ama demasiado, los picos de adrenalina generados por la incertidumbre, el miedo al abandono y las reconciliaciones tormentosas son el "choque" que el cerebro confunde con pasión.

Esta adicción es bioquímica. Cuando el contacto se corta, el cuerpo experimenta un síndrome de abstinencia real: náuseas, pánico e insomnio. La mujer se vuelve adicta a la montaña rusa emocional para no sentir la depresión latente que surge en los momentos de calma. Como advierte Norwood con crudeza:

"Amar demasiado puede matar".

 


3.    Lección 3: Las sombras de la infancia y la "Fantasía de Control"

Este patrón no es un error del destino, sino una réplica de hogares disfuncionales donde las necesidades emocionales fueron negadas. Lisa, hija de una madre alcohólica, es el ejemplo perfecto: aprendió desde niña a cuidar a los demás para sentirse segura. En la adultez, buscó a Gary —un hombre adicto— para recrear la misma lucha y, esta vez, intentar ganarla. Intentamos obtener de un hombre inaccesible el amor que no pudimos obtener de nuestros padres.

En estas familias, el "secretismo" es lo que define la disfunción. Para sobrevivir, la niña aprende a negar su propia realidad. Las familias disfuncionales comparten tres características que marcan el comportamiento adulto:

·         Roles rígidos: No hay libertad para expresar necesidades; se debe ser siempre la "niña buena" o la "cuidadora" para que el sistema familiar no colapse.

·         Comunicación restringida: Se prohíbe hablar de los problemas reales ("aquí no pasa nada"), obligando a la niña a desconfiar de sus propias percepciones.

·         Negación de la realidad: Se ignoran hechos dolorosos (como el alcoholismo o la frialdad emocional), creando una incapacidad adulta para detectar el peligro en las relaciones.

 


4. Lección 4: El mito de Eros contra la paz de Ágape

A las mujeres que aman demasiado, un hombre "bueno, estable y confiable" les resulta insoportablemente aburrido. Esto sucede porque en la estabilidad falta el "gancho" del sufrimiento. El aburrimiento es, en realidad, la ausencia de los síntomas de abstinencia que ellas han aprendido a identificar como "química".

Amor Adictivo (Eros)

Amor Sano (Ágape)

Basado en la obsesión y el miedo al abandono.

Basado en la confianza, el respeto y la seguridad.

Se nutre del drama, la incertidumbre y la lucha.

Se nutre de la serenidad y el compañerismo.

La atención está en el "potencial" (lo que él podría ser).

La atención está en la realidad (quién es él hoy).

Genera un torbellino emocional que agota la salud.

Fomenta el crecimiento personal y la paz interior.

 

5. Lección 5: El camino de 10 puntos hacia la recuperación

La recuperación exige que la mujer deje de ser la "super encargada" del espectáculo ajeno y vuelva a ser su propio proyecto de vida. Este es el plan de acción de 10 puntos sugerido por la práctica clínica de Norwood:

1.      Buscar ayuda profesional: La terapia es esencial para abrir y sanar heridas antiguas con seguridad.

2.      Hacer de tu recuperación la prioridad absoluta: Nada es más importante que tu sanación, ni siquiera tu relación actual.

3.      Buscar un grupo de apoyo de pares: Compartir con otras mujeres que entiendan tu experiencia rompe el aislamiento y la vergüenza.

4.      Desarrollar tu lado espiritual: Mediante la práctica diaria de la meditación o la oración para encontrar paz interna.

5.      Dejar de manejar y controlar a los demás: Renuncia a la carga de dirigir la vida de tu pareja; él es un ser completo y responsable.

6.      Aprender a no "engancharse" en los juegos: Detectar las provocaciones y dramas para no reaccionar ante ellos.

7.      Enfrentar con coraje tus propios defectos: Deja de usar el caos ajeno como cortina de humo para no ver tus miedos.

8.      Cultivar lo que necesites desarrollar en ti: Enfócate en tus talentos, hobbies y metas personales.

9.      Volverte "egoísta" (en el sentido sano): Prioriza tus necesidades, deseos y bienestar por encima de complacer a otros.

10.  Compartir lo aprendido: Ayudar a otros desde la salud, no desde la carencia, refuerza tu propio proceso.

 




Mi opinión sobre Las mujeres que aman demasiado

Sanar no es un evento, es un tejido que se construye cada día. Al renunciar al papel de salvadora y dejar de medir tu valor por lo útil que eres para un hombre, haces espacio para que el amor propio florezca. La recuperación te invita a dejar de ser vulnerable a las acciones de los demás y a tomar las riendas de tu felicidad.

Hoy te dejo con una pregunta para la reflexión honesta: ¿Tu relación actual te permite ser todo lo que eres capaz de ser, o es una "jaula llena de alfileres" donde te has acostumbrado a sangrar en nombre del amor? Tu camino hacia la serenidad comienza en el momento en que decides que ya has sufrido suficiente.

Mientras avanzaba en la lectura, me encontré reflexionando sobre preguntas como:

·         ¿Cuántas veces he esperado que alguien cambie para sentirme amada?

·         ¿He confundido amor con sacrificio?

·         ¿Cuándo fue la última vez que me elegí a mí misma?

·         ¿Por qué a veces cuesta tanto poner límites?

No son preguntas cómodas, pero a veces son justamente las que más necesitamos hacernos.

Lo que más me gustó ❤️

Lo que más valoro de este libro es que no juzga.

No señala a las mujeres por quedarse, por insistir o por intentar una vez más. Más bien, nos invita a entender de dónde vienen ciertos patrones y cómo podemos construir relaciones más sanas.

Porque al final, el mensaje no es dejar de amar.

Es aprender a amar sin abandonarnos.

¿Vale la pena leer Las mujeres que aman demasiado?

 

Si algo me dejó esta lectura es que el amor no debería costarnos nuestra paz.

Las relaciones saludables no se construyen desde el miedo, la ansiedad o el sacrificio constante. Se construyen desde el respeto, la reciprocidad y el cuidado mutuo.

Y quizás la lección más importante es esta:

No tenemos que demostrar nuestro valor amando más. Ya somos valiosas, incluso cuando dejamos de luchar por quien no está dispuesto a luchar por nosotras.

 

¿A quién recomiendo este libro?

  • A mujeres que sienten que siempre terminan en relaciones complicadas.
  • A quienes tienen dificultad para poner límites.
  • A quienes están trabajando en su amor propio.
  • A quienes disfrutan los libros de crecimiento personal y psicología aplicada.

 

¿Has leído Las mujeres que aman demasiado? Me encantaría saber qué enseñanza te dejó o cuál de estas lecciones resonó más contigo.

 Te leo en los comentarios. 💛

Y si este libro también dejó huella en ti, comparte esta reseña con otra mujer que pueda necesitarla.


0
Share

 "Hoy quiero hablar de algo que parece superficial, pero que en realidad es un acto de amor propio: tomarte una selfie. Porque entre pañales, responsabilidades y el día a día, a veces olvidamos que nosotras también merecemos aparecer en la historia que estamos viviendo."


Esta foto es una foto sin filtros, sin maquillaje y sin pretensiones. Una foto que me recuerda quién soy cuando dejo de intentar cumplir expectativas y simplemente existo.

Cuando la veo, recuerdo que sigo siendo yo. La misma mujer que sueña, que ríe, que se equivoca, que aprende y que sigue adelante incluso en los días difíciles.

Y también me recuerda algo importante: merezco tomarme más fotitos. No cuando me vea perfecta, sino ahora. Porque mi vida está ocurriendo en este momento y yo también merezco aparecer en ella.

Quizás dentro de algunos años vea esta imagen y no me fije en los detalles que hoy podría criticar. Veré a una mujer haciendo lo mejor que podía, amando profundamente y construyendo una vida llena de recuerdos.

Por eso hoy me prometo tomarme más fotos, honrarme más y amarme con ese loco amor que tantas veces entrego a los demás.

Hoy estaba revisando las fotos de mi celular y me di cuenta de algo curioso: tengo cientos de fotos de Gustavo. Sonriendo, durmiendo, jugando, descubriendo el mundo. Pero cuando busqué fotos mías, encontré muy pocas.

Y pensé... ¿en qué momento dejamos de aparecer en nuestras propias historias?

A veces esperamos sentirnos más arregladas, haber dormido mejor o tener el cabello perfecto para tomarnos una foto. Nos convencemos de que hoy no es el día adecuado. Y así pasan semanas, meses e incluso años.

Pero la verdad es que merecemos estar presentes en nuestros recuerdos, tal y como somos.

Tomarte una selfie no es un acto de vanidad. Es una forma de decir: "Yo también estuve aquí". Es guardar evidencia de tu esfuerzo, de tus sonrisas, de tus días buenos y también de los difíciles.

Dentro de algunos años, cuando veas esas fotografías, no recordarás si tenías ojeras o si tu ropa combinaba perfectamente. Recordarás quién eras en ese momento de tu vida. Recordarás cuánto amabas, cuánto luchabas y cuánto crecías.

Así que hoy quiero recordarte algo:

Tómate la selfie.

-Aunque no te sientas perfecta.

-Aunque estés cansada.

-Aunque el día haya sido un caos.

Porque mereces existir en las fotografías que cuentan tu historia.

No olvides honrarte. No olvides celebrarte. No olvides amarte con loco amor.

La persona que ves en el espejo también merece toda la ternura, paciencia y cariño que das a los demás cada día.

Y créeme, algún día agradecerás haber guardado esos pequeños recuerdos de ti misma.

Así que ve por tu teléfono, sonríe (o no), y toma esa foto. La mujer que eres hoy merece ser recordada. ❤️



0
Share

 


Salir con un bebé por primera vez puede sentirse como preparar una expedición. De pronto descubres que una salida de una hora requiere más planificación que un viaje completo. Con el tiempo aprendes que no todo tiene que ser perfecto, pero sí hay algunas cosas que hacen la experiencia mucho más tranquila. Estos son los consejos que más me han ayudado como mamá primeriza.

Cuando nos convertimos en mamás, salir de casa deja de ser algo tan simple como tomar las llaves y cerrar la puerta. Ahora pensamos en pañales, ropa, alimentación, si hará frío o calor y en mil escenarios posibles que antes ni imaginábamos.

Después de varias salidas con mi bebé, estos son algunos consejos que me han ayudado a sentirme más preparada y disfrutar más del momento.

1. Siempre lleva un biberón preparado

Aunque parezca obvio, una de las cosas que más tranquilidad me da al salir es saber que tengo alimento listo para mi bebé. Los bebés tienen su propio reloj y muchas veces el hambre aparece justo cuando menos lo esperamos.

Tener un biberón preparado evita momentos de estrés y te permite atender rápidamente sus necesidades. Incluso si piensas que la salida será corta, es mejor prevenir que lamentar.

2. Nunca olvides una o dos mudadas de ropa extra

Los bebés tienen un talento especial para ensuciarse justo cuando llevamos la ropa perfecta. Un pequeño derrame de leche, una regurgitación o un pañal que decidió fallar pueden cambiar completamente el panorama.

Por eso siempre llevo al menos una o dos mudadas completas. Créeme, cuando llegue ese momento, agradecerás haber ocupado ese pequeño espacio extra en tu bolso.

3. Si tienes coche, llévalo

Al principio pensé que podría cargar a mi bebé todo el tiempo, pero la realidad es que el coche se convierte en uno de los mejores aliados para cualquier salida.

No solo permite que tu bebé descanse cómodamente, sino que también te da libertad para caminar, hacer compras o simplemente descansar los brazos durante unos minutos. Para mí, se ha vuelto prácticamente indispensable.

4. Lleva siempre pañales extra

Existe una ley no escrita de la maternidad: cuando crees que llevas suficientes pañales, probablemente necesitarás uno más.

Nunca sabes cuánto durará una salida o si surgirá algún imprevisto. Llevar pañales adicionales ocupa poco espacio y puede evitarte situaciones bastante incómodas.

5. Elige sitios tranquilos

Durante los primeros meses, los bebés pueden sentirse abrumados por los lugares muy ruidosos o llenos de gente.

Siempre que sea posible, busca espacios tranquilos donde puedas alimentarlo, cambiarlo o simplemente darle un momento de calma si se pone inquieto. Además, estos lugares también suelen ser más relajantes para nosotras como mamás.

6. Usa ropa cómoda para ti y para tu bebé

La comodidad siempre debe estar por encima de cualquier otra cosa.

Cuando tú te sientes cómoda, te mueves con mayor facilidad, disfrutas más la salida y puedes atender mejor a tu bebé. Lo mismo ocurre con ellos: una ropa adecuada al clima y que les permita moverse libremente hará que estén mucho más felices durante el paseo.

7. Lleva siempre una cobija o manta

Aunque el día parezca perfecto y haga calor, el clima puede cambiar en cuestión de minutos.

Una manta puede servir para proteger del viento, cubrir al bebé durante una siesta, crear sombra o simplemente brindarle una sensación de seguridad cuando está fuera de casa. Es uno de esos objetos que casi nunca parecen necesarios... hasta que realmente lo son.

Conclusión

Si algo he aprendido desde que me convertí en mamá es que nunca estaremos completamente preparadas para todo, y está bien. La maternidad también consiste en aprender sobre la marcha, equivocarnos y descubrir lo que funciona para nosotras y nuestros bebés.

Estos consejos no buscan que cargues más cosas o que te preocupes más, sino que te ayuden a sentirte un poco más tranquila para disfrutar de cada salida. Porque al final, los recuerdos más bonitos no son los de las salidas perfectas, sino aquellos momentos sencillos en los que vemos a nuestros pequeños descubrir el mundo por primera vez.

Y si eres una mamá primeriza como yo, recuerda algo importante: lo estás haciendo mejor de lo que crees.

0
Share



A veces es más fácil ver nuestros errores que reconocer todo lo que hemos logrado. Nos enfocamos en lo que nos falta, en las metas pendientes o en aquello que creemos que podríamos haber hecho mejor. Sin embargo, el amor propio también consiste en detenernos por un momento y mirar hacia atrás para reconocer cuánto hemos crecido.

Hoy quiero celebrar mis logros. No solo los que pueden verse desde afuera, sino también aquellos que ocurrieron en silencio, dentro de mí.

He superado desafíos que en algún momento parecían demasiado grandes. He atravesado etapas difíciles y aun así he encontrado la fuerza para seguir adelante. He aprendido que la valentía no siempre se ve como grandes actos; muchas veces se encuentra en levantarse cada mañana y continuar.

He construido una familia llena de amor y he asumido con responsabilidad y entrega los diferentes roles que forman parte de mi vida. Cada día intento dar lo mejor de mí como mujer, pareja, madre, hija y amiga.

También he perseguido mis metas personales y profesionales. He aprendido cosas nuevas, he cometido errores y he seguido creciendo gracias a ellos. Cada experiencia me ha ayudado a convertirme en una versión más consciente de mí misma.

Pero algunos de mis logros más importantes no tienen reconocimiento público ni certificados. Han ocurrido en mi interior.

He superado partes de mí misma que no creía posible superar. He enfrentado inseguridades, miedos y heridas que durante mucho tiempo pensé que siempre formarían parte de mí. Aunque el proceso no ha sido perfecto ni sencillo, he avanzado.

He perdonado cosas que nunca imaginé poder perdonar. No porque lo sucedido estuviera bien ni porque haya olvidado el dolor, sino porque entendí que aferrarme al resentimiento me impedía seguir creciendo. Aprendí que perdonar también puede ser un acto de amor hacia uno mismo.

Y quizás lo más hermoso es que ese crecimiento no solo me ha beneficiado a mí. Al sanar, aprender y evolucionar, también he podido impactar positivamente a quienes me rodean. Mi proceso ha ayudado a construir relaciones más sanas, más conscientes y más llenas de amor. Cuando una persona crece, muchas veces su luz también alcanza a los demás.

Hoy reconozco que he recorrido un largo camino. Aún tengo mucho por aprender y muchas metas por cumplir, pero eso no disminuye todo lo que ya he logrado.

Uno de mis mayores logros ha sido convertirme en una persona que mi yo del pasado necesitaría abrazar y agradecer.

Y por eso hoy me reconozco, me celebro y me agradezco.

Porque el amor propio también consiste en mirar nuestra historia con orgullo y decirnos: "Lo has hecho bien. Has avanzado más de lo que imaginas."

¿Cuál es un logro personal que pocas veces te reconoces? Hoy te invito a escribirlo y celebrarlo.

0
Share

 Casi termino de leer el libro Las mujeres que aman demasiado y siento que ese libro fue escrito para mí. Poco a poco voy a ir desarrollando historias y quizás así entiendan muchas de las cosas que les digo. Y si han leído este libro, cuéntenme: ¿qué fue lo que más les marcó de él?

He decidido hacer este reto para ayudarme a fomentar mi amor propio. Y si alguien quiere unirse, aquí estoy para leerte 🤍

Día 1: escribe 5 cosas que ames de ti.



Amo mi perseverancia

Con todo lo que implica ser una persona que lucha y lucha cuando se propone algo, o cuando una idea se le mete en la cabeza y no descansa hasta lograrlo. Creo que es una de mis mayores cualidades. Hasta ahora, mi perseverancia me ha ayudado a cumplir varias metas en mi vida y también a salir de momentos muy difíciles. Es una de esas virtudes de las que todo el mundo debería sentirse orgulloso, porque seguir adelante cuando todo pesa también es una forma de valentía.

Amo mi forma de amar

Es muy pura. Yo, si te amo, te amo hasta el final. Nunca pienso en nadie más, ni siquiera considero una opción mirar hacia otro lado. También he aprendido a amarme de esa manera: sincera y profundamente. Sigo trabajando en ello todos los días. En otro post hablaré sobre mi historial romántico… podría considerarse todo un dramón, la verdad.



Amo mis hobbies

No sé si esto cuenta exactamente como algo que amo de mí, pero todas las series que he amado, las pequeñas cosas a las que he dedicado mi tiempo, mis gustos y mis espacios seguros, han sido una parte importante de mi vida. Me han acompañado, me han dado felicidad y, muchas veces, también refugio.


Amo a mi familia

Ahora mi familia es mi esposo y mi hijo, pero también amo profundamente a mi mamá y a mis hermanos. Amo a las personas cercanas que han compartido conmigo momentos buenos y malos. Los llevo siempre en mi corazón, porque son la razón por la que este mundo se siente más bonito y más cálido.



Amo mi forma de cuidarme

Antes lo hacía escondiéndome en el negativismo extremo, y ahora entiendo que, en el fondo, era una manera de protegerme. Porque si yo misma me lastimaba primero, sentía que nadie más podría hacerme daño. Ese fue el escudo que usé durante mucho tiempo. Pero ahora estoy aprendiendo otra forma de cuidarme: con amor, paciencia y compasión. Estoy aprendiendo a tratarme como siempre quise que alguien más me tratara.



Tal vez amarnos no sucede de un día para otro. Tal vez es esto: escribirnos bonito, reconocernos, perdonarnos y volver a elegirnos una y otra vez.

Gracias por estar aquí y leer un pedacito de mi corazón. Nos vemos en el día 2 🤍

0
Share

 


Cuando Gustavo nació, sentí que nunca podría separarme de él. Después de llevarlo dentro de mí durante nueve meses, pensaba: “Dios no puede estar mejor protegido de lo que está ahora”. Y siendo tan sobreprotectora como soy, para mí eso era paz absoluta.

Pero poco a poco entendí algo difícil de aceptar: tarde o temprano tendríamos que empezar a separarnos un poquito. No porque el amor se haga más pequeño, sino porque él tiene que ir abriéndose camino en la vida.

La primera vez que lo dejé solo sentí una ansiedad enorme. No dejaba de pensar:
¿Estará bien?
¿Ya habrá comido?
¿Me extrañará?
¿Y si algo pasa?

Mi mente no descansaba.

Con el tiempo esa ansiedad fue disminuyendo, así que si hoy estás pasando por esa etapa de “no quiero separarme de mi bebé”, quiero decirte que es completamente normal. A mí me ayudó muchísimo poner a Gustavo en manos de Dios. Tal vez no todos crean en lo mismo, pero personalmente eso me dio paz.

Recuerdo que cuando él era más pequeñito, incluso me costaba dormir por el miedo constante de que algo pudiera pasarle en la noche. Mi ansiedad muchas veces se vuelve un problema real para mí, y aprender a soltar un poco el control fue necesario para poder vivir esta maternidad con más calma.

Ahora Gustavo ya tiene seis meses y pasa las mañanas con Mari, la persona que nos ayuda en casa. Y aunque al principio me costó muchísimo, hoy puedo decir que lo he manejado mucho mejor. Incluso he podido volver a salir al cine con mi esposo sin sentirme culpable, y entendí que esos espacios también son importantes.

Porque muchas veces, cuando nos convertimos en mamás, olvidamos que seguimos siendo mujeres, parejas, amigas y personas con emociones propias. Ponemos toda nuestra energía en cuidar, proteger y estar presentes para nuestros hijos, y sí, eso nace del amor… pero también necesitamos aprender a equilibrarlo.

Eso no significa caer en el abandono o desentendernos. Ningún extremo es sano. Ni vivir con miedo constante de separarnos, ni desconectarnos completamente de nuestros hijos. Se trata de encontrar un balance que nos permita cuidar de ellos sin olvidarnos de nosotras mismas.

Quiero cerrar este blog diciéndote algo que todavía sigo aprendiendo: confiar también es una forma de amar.

Confiar en la persona que elegiste para ayudarte.
Confiar en que tu bebé también estará bien sin ti unas horas.
Y confiar en ti misma, en la mamá que eres.

Porque poco a poco entendemos que nuestros hijos no vienen a quedarse en nuestros brazos para siempre, sino a crecer seguros de que, aunque un día nos alejemos unos pasos, siempre tendrán un hogar al que volver 💛

0
Share


 

Sí, está bien escrito. Y mientras más lo pensaba, más sentido tenía.

Porque a veces creemos que amar es eso: quedarnos, insistir, luchar, intentar suavizar las heridas ajenas con nuestras manos desnudas. Creemos que con suficiente paciencia, suficiente cariño y suficiente devoción vamos a lograr cambiar a alguien. Como si el amor fuera una especie de magia capaz de domesticar tormentas.



Y no.

Hay personas que no quieren cambiar. Hay personas que todavía no saben cómo hacerlo. Y hay otras que simplemente son así.

Pero qué fácil es caer en el papel de “la amansa fieras”. Esa persona que da demasiado, que justifica demasiado, que perdona demasiado, pensando que un día todo ese amor será suficiente para transformar al otro en alguien más amable, más atento, más consciente, más cariñoso.

Yo también cometí ese error.


Muchas veces confundí amor con sacrificio. Pensé que insistir era una prueba de cariño, que quedarme incluso cuando me dolía hablaba bien de mí. Y mientras más intentaba cambiar a otros, más me olvidaba de mí misma.

Lo más duro es entender que nadie cambia porque uno lo ame intensamente. Las personas cambian cuando quieren. Cuando se enfrentan a sí mismas. Cuando deciden crecer.

Y eso no depende de cuánto demos.



A veces, sin querer, terminamos fastidiando con esa necesidad constante de corregir, salvar o moldear a quienes amamos. Porque aunque nazca desde el cariño, sigue siendo una forma de decir: “quisiera que fueras distinto”.

Y amar de verdad también es dejar ser.

No significa aceptar malos tratos ni conformarse con migajas emocionales. Significa entender que no podemos construir personas a nuestra medida. Que cada quien tiene sus tiempos, sus batallas y su forma de existir.

Tal vez la verdadera paz empieza cuando dejamos de intentar domesticar a otros y comenzamos a conocernos a nosotros mismos.

Cuando invertimos toda esa energía en crecer, sanar, disfrutar la vida y cuidar nuestro propio corazón.



Porque al final, el amor más bonito no es el que intenta cambiarte. Es el que te acompaña.

Y quizás ahí está el secreto: amar a quienes caminan con nosotros, sin querer convertirlos en alguien más.

Simplemente quererlos. Y también querernos un poco más a nosotros mismos.

Alguna vez fui la amansa fieras.
Creí que amar era quedarme incluso cuando me estaba rompiendo. Creí que si daba suficiente cariño, paciencia y comprensión, algún día las cosas cambiarían. Pero entendí tarde que uno no puede salvar a quien no quiere salvarse a sí mismo.

Y aunque me dolió aceptarlo, también fue liberador.

Porque dejé de perseguir versiones imaginarias de las personas y empecé a abrazar la realidad. Dejé de cargar responsabilidades que nunca fueron mías. Dejé de intentar apagar incendios ajenos mientras me consumía lentamente por dentro.

Hoy ya no quiero domesticar tormentas.
Solo quiero paz.



Quiero personas que sepan quedarse sin tener que convencerlas, amores que no necesiten reparación constante y vínculos donde pueda ser yo, sin desgastarme tratando de convertir a alguien más en lo que nunca quiso ser.

Tal vez crecer también era esto: entender que no vine al mundo a amansar fieras… sino a cuidar mi propio corazón.💛

Y tú… ¿alguna vez fuiste la amansa fieras?

¿Alguna vez intentaste amar tan fuerte a alguien, que terminaste olvidándote de ti?
¿Te quedaste esperando cambios que nunca llegaron?
¿Confundiste paciencia con sacrificio, o amor con dolor?

Tal vez esta entrada no sea solo mi historia.

Tal vez también sea un pedacito de la tuya. 💛

0
Share
Entradas antiguas Inicio

Lo más visto

#MangaChallenge

¡Hola a todos! Vengo de un largo descanso (n_n), pero algo llamó mucho mi atención: ¡el #MangaChallenge ! Tranquilos, este blog NO contien...

Seamos amigos

  • twitter

Etiquetas

30diasdeamorpropio 51 maneras de salvar a mi novia amor amorperruno amorpropio autoayuda ayuda BIENVENIDA. blogging bolso carta cartaamiperro challenge cuarto día de depresion depresión descarga doubt enotravida fanfic furuya usamaru futura mamá gran vacion GRANDE hijo historia INFIERNO inio asano io salisaka libro lychee light club manga maternidad mujer real mujeres mujeresqueamandemasiado musica musica favorita naruse nitou opio OPNIÓN organización semanal palepoli pautas. salir pelicula pequeña perro PERSONAL primer día quinto día reseña. reto blog Rochi sakagami segundo día seinin sentimientos septimo día sexto día short cuts strobe edge tasaki tercer día The Anthem of The Heart tips tipsmaternidad Umine no onnanoko vacio vidaconamor

Sponsor

Smiley face

Datos personales

Mi foto
Sueanny Quezada
Ver todo mi perfil

Buscar este blog

Copyright © 2019 FLYING TO THE SKY with Sua

Created with by Beauty Templates | Distributed by Gooyaabi Templates