
Para Gustavo, mi Gus, en su primer cumpleaños.
Mi Gus, mi pequeño amor…
Eres sangre de mi sangre, una parte de mí que ahora camina por este mundo con su propia carita, sus propias manitas y una historia que apenas comienza a escribirse.
Desde el instante en que supe de tu existencia, ya te amaba. Todavía no conocía tu rostro, no sabía cómo sería tu sonrisa, ni cómo sonaría tu risa, ni cómo se sentiría tenerte entre mis brazos. Y, sin embargo, ya eras alguien para mí. Ya eras mi pequeño, mi ilusión, mi futuro y ese amor inmenso que todavía no sabía que podía caber dentro de mi corazón.
Después llegaste tú.
Y, aunque todos celebraron tu nacimiento, hay algo que quizás nunca te he contado lo suficiente: el día que naciste tú, también nació una nueva versión de mí. Nació la Sua mamá. 🥹
Una mujer que todavía tenía mucho que aprender, que también tenía miedos, dudas y sueños por cumplir, pero que desde ese día descubrió que su corazón podía latir fuera de su propio cuerpo. Una mujer que entendió que amar también significa transformarse, reconocer los propios errores, aprender a ser mejor y encontrar fuerzas que jamás imaginó tener.
No te voy a mentir, mi amor: no siempre sabré qué hacer. Habrá días en los que me equivoque, momentos en los que tenga miedo y ocasiones en las que me pregunte si estoy haciendo las cosas bien. Ser tu mamá no me convierte en una mujer perfecta, pero sí me ha dado una de las razones más bonitas para intentarlo cada día.
Porque desde que llegaste, he cambiado muchísimo. Y lo he hecho en el mejor sentido de la palabra. He aprendido a mirar la vida de otra manera, a valorar cosas que antes pasaban desapercibidas y a entender que crecer no termina cuando nos hacemos adultos. A veces, crecer significa aprender a ser la persona que alguien pequeño necesita que seamos.
Y yo quiero seguir creciendo, mi Gus. Quiero seguir cambiando, aprendiendo, sanando y convirtiéndome en una mejor mujer, no para ser una mamá perfecta, sino para darte lo mejor de mí. Para que tengas una infancia llena de amor, para que te sientas seguro de ser quien eres, para que nunca tengas que ganarte mi cariño y para que sepas que puedes equivocarte, volver a empezar y encontrar siempre un abrazo en casa.
Algún día crecerás. Tendrás tus propias ideas, tus propios sueños, tus propias batallas y un mundo entero esperándote. Habrá momentos en los que querrás correr tan lejos que apenas pueda seguirte con la mirada. Y aunque una parte de mí seguramente querrá protegerte de todo lo que pueda hacerte daño, también quiero aprender a darte alas.
Porque mi trabajo no es evitar que la vida te enseñe sus lecciones, sino acompañarte mientras aprendes. No es decidir quién debes ser, sino ayudarte a descubrir quién eres. No es conseguir que nunca tengas miedo, sino recordarte que puedes ser valiente incluso cuando lo tengas.
Y si algún día el mundo te parece demasiado grande, si sientes que no eres suficiente o si la vida no resulta como esperabas, quiero que recuerdes algo: no tienes que ser un héroe para merecer amor. No tienes que salvar a nadie para demostrar tu valor. No tienes que ser fuerte todo el tiempo.
Puedes llorar, puedes descansar, puedes pedir ayuda. Puedes equivocarte y volver a intentarlo. Puedes ser diferente a lo que los demás esperan de ti.
Solo deseo que crezcas con un corazón bueno, que aprendas a defender lo que amas sin dejar de ser amable, que seas valiente sin perder la ternura y que nunca confundas ser un buen hombre con tener que esconder lo que sientes.
Y, por encima de todo, deseo que seas feliz siendo tú.
No sé qué te deparará la vida, mi pequeño. No puedo prometerte que podré evitar todas tus tristezas, que estaré presente en cada caída o que siempre tendré las palabras correctas. Pero sí puedo prometerte que, mientras me quede vida, voy a amarte. Cada segundo que me sea concedido, en los días bonitos y en los difíciles, cuando estés cerca y cuando la vida te lleve lejos.
Porque antes de que tú supieras quién era yo, yo ya sabía que te amaba. Y antes de que tú pudieras llamarme mamá, yo ya habría dado todo por ti.
Hoy cumples tu primer añito, mi Gus. Un año de ti, de nosotros, de descubrirnos y de aprender a querernos de esta manera tan nueva y extraordinaria. Un año desde que mis brazos conocieron su lugar favorito en el mundo y mi corazón encontró una razón más para seguir adelante.
Gracias por elegirme para acompañarte en esta aventura, aunque sé que no fue una elección tuya. Gracias por regalarme el privilegio de ser tu mamá. Gracias por hacerme descubrir una versión de mí que todavía estoy aprendiendo a conocer y que quiero seguir construyendo con amor.
No sé si algún día comprenderás cuánto cambiaste mi vida. Quizás lo entiendas cuando tengas tus propios sueños, cuando mires hacia atrás y descubras que crecer también es aprender a amar. O quizás nunca llegues a imaginarlo del todo, porque hay amores tan grandes que las palabras apenas consiguen rozarlos.
Pero quiero que este escrito quede aquí, guardado para ti, como una pequeña cápsula de nuestro tiempo.
Para que, cuando seas grande, puedas volver a este día y recordar que hubo una mujer que te amó antes de conocerte, que aprendió a ser mamá mientras tú aprendías a vivir y que, aunque no siempre supo cómo hacerlo, jamás dejó de intentar darte lo mejor de sí misma.
Eres sangre de mi sangre, una parte de mi historia y el comienzo de una de las historias más bonitas de mi vida.
Feliz primer cumpleaños, mi pequeño Hércules. Mi Gus. Mi amor para toda la vida. ❤️
Te amo desde antes de conocerte, te amo en cada instante que compartimos y te amaré cada segundo que me quede de vida.
Con todo lo que soy, con todo lo que fui y con todo lo que todavía estoy aprendiendo a ser…
Tu mamá,
Sua. 🥹❤️







.png)






