Día 4: Dedícale 30 minutos a lo que amas

 Hay días en los que parece que el tiempo no alcanza para nada.

Entre las responsabilidades, el trabajo, la casa, la maternidad y esa interminable lista de pendientes, es muy fácil olvidarnos de algo importante: nosotras.

Durante mucho tiempo pensé que para disfrutar de algo que me gustara necesitaba tener una tarde completa libre, que todo estuviera en orden y que no hubiera ninguna obligación esperando por mí. Pero la realidad es que ese momento perfecto casi nunca llega.

Así que decidí cambiar la regla.

Solo necesitaba treinta minutos.

Treinta minutos para hacer algo que alimentara mi alma y no solo mi lista de tareas.

Hace unos días decidí ver la nueva adaptación de Cumbres Borrascosas. Había esperado ese momento con mucha ilusión desde que anunciaron su estreno. Preparé un té, me acomodé en el sillón y, por un rato, dejé que el mundo siguiera girando sin mí.

No fueron horas.

No fue un día entero.

Fueron apenas treinta minutos que me recordaron algo muy importante: sigo siendo esa mujer que se emociona con los libros, que disfruta analizar personajes, imaginar finales y dejarse llevar por una buena historia.

Y qué bonito es recordar quién eres más allá de los roles que desempeñas.

Porque antes de ser mamá, pareja, hija o amiga, también somos mujeres con sueños, curiosidades y pequeños placeres que merecen un espacio en nuestra rutina.

Cumbres Borrascosas



Me hizo volver a pensar en cómo el amor puede transformarse cuando no aprendemos a sanar nuestras heridas. Mientras veía la historia, no podía evitar reflexionar sobre cuánto hemos romantizado relaciones intensas que, en realidad, estaban llenas de dolor, orgullo y silencios.

Ahora que soy madre, no pude evitar cuestionar la decisión de Catherine de dejarse morir porque ya no podía estar junto a Heathcliff. Hoy miro esa historia desde una perspectiva distinta. Pienso que, como adultos, muchas situaciones podrían haberse enfrentado de otra manera. ¿Y si ella hubiera sido completamente sincera con su esposo? ¿Y si Heathcliff hubiera luchado por ese amor desde el principio? Son preguntas que probablemente nunca tendrán respuesta, pero esa es precisamente la magia de esta historia: invita a imaginar finales distintos y a debatir sobre el amor, el orgullo y las decisiones que cambian una vida.



Te dejo una pregunta provocadora para ti: ¿Es posible amar sin intentar poseer al otro, o estamos todos condenados a repetir las ruinas de nuestras propias Cumbres Borrascosas?

Y volviendo al tema de dedicarte 30 minutos, quizá por eso disfruto tanto las historias: porque siempre terminan enseñándome algo sobre la vida y, muchas veces, sobre mí misma.

No se trata solo de ver una película.

Se trata de darte permiso para sentir, para desconectarte un momento del ruido y volver a conectar con aquello que hace feliz a tu corazón.

Treinta minutos pueden parecer muy poco.

Pero a veces son suficientes para recordar que también importas.

Que tus gustos siguen ahí.

Que tus pasiones no desaparecieron; solo estaban esperando un pequeño espacio para volver a florecer.

Hoy mi invitación es sencilla.

No importa si amas leer, pintar, cocinar, caminar, escuchar música, escribir, ver una película o simplemente sentarte con una taza de café en silencio.

Regálate treinta minutos.

No cuando sobre el tiempo.

Hazlo porque tú también eres una prioridad.

Y quién sabe... tal vez esos treinta minutos terminen siendo el mejor regalo que te hiciste en toda la semana.

Sueanny Quezada

No hay comentarios:

Publicar un comentario