Mando un mensaje y no me responden.
Pasan dos horas.
Tres.
Y mi mente ya escribió una novela completa.
Seguro está molesto conmigo.
¿Habré dicho algo malo?
¿Y si pasó algo?
¿Y si…?
Y cuando quiero darme cuenta, estoy preocupándome por algo que probablemente ni siquiera está ocurriendo.
Creo que todos hemos estado ahí.
Porque tener pensamientos negativos no significa que seamos personas negativas. Nuestro cerebro tiene una tendencia bastante curiosa a prestar más atención a aquello que podría salir mal. Es una especie de sistema de alarma que evolucionó para mantenernos a salvo.
El problema aparece cuando esa alarma empieza a sonar por todo.
Una preocupación se convierte en otra, luego en otra y, sin darnos cuenta, entramos en ese círculo agotador de darle vueltas a lo mismo.
A eso se le llama rumiación: pensar y repensar una situación sin necesariamente acercarnos a una solución.
Y aquí viene la parte bonita: no tenemos que creerle absolutamente todo a nuestra mente.
Podemos aprender a relacionarnos de otra manera con nuestros pensamientos.
Y mientras escribía esto, pensaba en algo que ya hemos hablado en este blog: hace poco escribí sobre el abismo en nuestro pulgar y sobre cómo podemos pasar horas haciendo scroll sin darnos cuenta de que nuestra atención se nos está escapando.
Pero a veces ni siquiera necesitamos abrir Instagram para entrar en un scroll infinito.
Nuestra propia cabeza puede hacerlo por nosotras.
Un pensamiento lleva a otro, después a otro… y cuando queremos darnos cuenta llevamos media hora preocupándonos por algo que ni siquiera ha ocurrido.
Así que hoy quiero compartirte cinco pequeños hacks que podemos empezar a practicar cuando nuestra cabeza decide ponerse dramática. 🧠✨
1. Ponle horario a tus preocupaciones ⏰
Este hack me parece maravilloso porque básicamente consiste en decirle a tu cerebro:
“Sí, te voy a escuchar… pero no ahora.”
La idea es reservar un pequeño momento específico del día para pensar en aquello que te preocupa.
Por ejemplo, si durante la mañana aparece ese pensamiento que empieza a dar vueltas:
“¿Y si esto sale mal?”
En lugar de seguirlo durante todo el día, puedes decir:
“Lo voy a pensar a las 6 de la tarde.”
No estás ignorando el problema.
Tampoco estás fingiendo que no existe.
Simplemente estás evitando que una preocupación se apodere de cada momento de tu día.
Porque una cosa es sentarte a resolver algo y otra muy distinta es llevarlo contigo desde que despiertas hasta que te acuestas.
A veces necesitamos enseñarle a nuestra mente que no todo pensamiento merece atención inmediata.
2. No eres tus pensamientos 🌊
Esta es probablemente una de las ideas que más me gustan.
Cuando aparece un pensamiento como:
“Soy un fracaso.”
es muy fácil comenzar a tratarlo como si fuera un hecho.
Pero prueba cambiar la frase:
“Soy un fracaso.”
por:
“Mi mente me está contando que soy un fracaso.”
¿Notas la diferencia?
La primera frase parece una sentencia.
La segunda reconoce que simplemente estamos teniendo un pensamiento.
Porque un pensamiento no siempre es una verdad.
A veces es miedo.
A veces es inseguridad.
A veces es cansancio.
A veces es nuestra mente intentando protegernos de algo que ni siquiera ha sucedido.
Y esto me recuerda mucho a una reflexión que compartí en ¿Existen los absolutos?. Allí hablaba de cómo podemos cambiar con el tiempo y terminar siendo personas muy diferentes de aquellas que alguna vez creímos que seríamos.
Y creo que nuestros pensamientos también merecen esa misma posibilidad.
Lo que piensas hoy no tiene por qué definir quién serás mañana.
Me gusta imaginarlo así:
Tú eres el cielo y tus pensamientos son las nubes.
Algunas son blancas y ligeras.
Otras son enormes y oscuras.
Pero ninguna se queda para siempre.
Las nubes pasan.
Tú permaneces. ☁️
3. Entrena a tu cerebro para encontrar lo bonito 🌷
Aquí entra uno de mis favoritos: el diario de gratitud.
Y no, no se trata de levantarnos cada mañana fingiendo que todo es maravilloso cuando claramente no lo es.
Se trata de enseñarle a nuestro cerebro a prestar atención también a las cosas buenas.
Porque si nuestra mente está acostumbrada a buscar problemas, podemos empezar a entrenarla para detectar pequeños momentos agradables.
No necesitas escribir diez páginas.
Solo tres cosas.
Puede ser:
- ☕ El café que disfrutaste esta mañana.
- 🌤️ Ese momento en el que salió el sol.
- 💛 Una conversación bonita.
- 📖 Un libro que te está encantando.
- 👶 Una sonrisa de tu bebé.
- ✨ Algo que lograste aunque te haya costado.
La idea es sencilla:
No negar lo malo, sino aprender a mirar también lo bueno.
Porque a veces tenemos un día difícil y sentimos que absolutamente todo salió mal… cuando, si nos detenemos un momento, descubrimos que también hubo pequeñas cosas que estuvieron bien.
Y esas pequeñas cosas cuentan.
4. Cuando tu mente entre en bucle: ¡STOP! 🛑
Hay pensamientos que no necesitan una conversación.
Necesitan una interrupción.
Cuando notes que estás entrando en uno de esos bucles mentales, prueba decir:
“¡STOP!”
o simplemente:
“¡BASTA!”
Pero hay un detalle importante: no se trata solamente de intentar “no pensar en eso”, porque cuanto más intentamos prohibir un pensamiento, más puede aparecer.
Por eso necesitamos cambiar el foco.
Puedes probar este pequeño protocolo:
1. Detén el pensamiento.
Di “STOP” o “BASTA”.
2. Respira profundamente.
Haz varias respiraciones lentas, prestando atención al aire entrando y saliendo.
3. Vuelve al presente con tus sentidos.
Prueba el famoso 5-4-3-2-1:
👀 5 cosas que ves.
🤲 4 cosas que puedes tocar.
👂 3 cosas que escuchas.
👃 2 cosas que hueles.
👅 1 cosa que saboreas.
Cambia de actividad.
- Levántate.
- Camina.
- Lava los platos.
- Pon música.
- Sal al balcón.
- Juega con tu bebé.
Haz cualquier cosa que te ayude a volver al momento presente.
Porque a veces no necesitamos encontrar una solución inmediata.
Necesitamos simplemente salir del bucle.
5. Hazte pequeñas promesas… y cúmplelas 🤍
Este último hack me parece especialmente importante porque muchas veces queremos cambiar nuestra vida completa en un lunes.
Y terminamos frustrados el viernes.
Nos prometemos:
“Desde mañana voy al gimnasio cinco días.”
“Voy a comer perfecto.”
“Voy a leer un libro cada semana.”
“Voy a levantarme temprano todos los días.”
Y después no podemos cumplirlo todo.
Entonces aparece esa vocecita:
“¿Ves? Nunca puedes hacer nada bien.”
Pero ¿y si dejamos de hacer promesas gigantes?
En lugar de decir:
“Voy a ir al gimnasio cinco veces por semana.”
podríamos decir:
“Voy a ir dos veces.”
Y cumplirlo.
En lugar de:
“Voy a leer todos los días.”
podríamos empezar con:
“Voy a leer diez minutos.”
La confianza en nosotros mismos también se construye así.
Con pequeñas pruebas de que hacemos lo que decimos que vamos a hacer.
Cada pequeña victoria cuenta.
Y poco a poco, nuestra narrativa interna comienza a cambiar.
De:
“No puedo.”
a:
“Mira… sí pude.”
No tienes que controlar todos tus pensamientos 🌿
Creo que esta es la parte más importante de todo.
El objetivo no es convertirnos en personas que jamás tienen pensamientos negativos.
Eso sería imposible.
Vamos a preocuparnos.
Vamos a tener miedo.
Vamos a pensar demasiado algunas noches.
Vamos a imaginar escenarios que probablemente nunca ocurrirán.
Somos humanos.
La diferencia está en aprender a decir:
“Este pensamiento está aquí, pero no tiene que dirigir mi día.”
Y quizá esto también tenga algo que ver con otra conversación que tuvimos en este blog sobre el amor y sobre todas esas cosas que alguna vez pensamos que serían absolutas.
En ¿Existen los absolutos? hablaba de cómo la vida puede sorprendernos y cómo nosotras también podemos cambiar.
Hoy lo veo desde otro lugar:
No todos nuestros pensamientos merecen convertirse en verdades permanentes.
Nuestro cerebro tiene tendencias, pero no está escrito en piedra.
Podemos aprender.
Podemos cambiar hábitos.
Podemos cuestionar lo que pensamos.
Podemos construir una voz interior un poquito más amable.
Y quizá la próxima vez que nuestra mente quiera convencernos de que todo está perdido, podamos hacer una pausa y preguntarnos:
¿Esto es realmente lo que está pasando… o es simplemente lo que mi cerebro está imaginando?
A veces, esa pequeña pausa es suficiente para recuperar el volante. 🤍
Si este post resonó contigo… 🌿
Quizá también quieras seguir leyendo:
📱 [El abismo en nuestro pulgar]
Sobre cómo el scroll infinito puede quedarse con nuestra atención sin que nos demos cuenta.
❤️ [Las mujeres que aman demasiado]
Una reflexión sobre cómo podemos perdernos de nosotras mismas cuando ponemos demasiada energía en otra persona.
🌱 [¿Existen los absolutos?]
Sobre cómo cambiamos, cómo cambian nuestras certezas y cómo la vida puede convertirnos en alguien que jamás imaginamos ser.
Porque, al final, quizá todos estos temas tienen algo en común:
aprender a volver a nosotras mismas.
Y ahora te pregunto a ti…
¿Cuál de estos cinco hacks probarías primero?
Yo creo que empezaré por aprender a decirle a mi cerebro:
“Sí, sí… te escucho. Pero hablamos de esto a las 6.” 😂
Porque aparentemente, hasta mis preocupaciones necesitan cita previa.



