Coyote vs. Acme: el eterno perdedor 🐺💨



Hay personajes que nacieron para ganar. Wile E. Coyote nació para intentarlo.

Durante décadas lo hemos visto perseguir al Correcaminos con una determinación casi admirable. Ha comprado cohetes, trampas, explosivos, resortes y toda clase de inventos marca ACME convencido de que esta vez sí lo conseguirá.

Y, por supuesto, nunca lo consigue.

El yunque cae. El cohete explota. El precipicio aparece. El plan fracasa.

Y nosotros nos reímos.

Porque ese es Wile E. Coyote: el eterno perdedor.

Pero Coyote vs. Acme hace algo que me encantó: toma a ese personaje al que siempre hemos visto levantarse después de cada golpe y se pregunta qué pasaría si, por una vez, decidiera dejar de correr detrás del Correcaminos y comenzara a luchar por sí mismo.

Y ahí es donde esta película se vuelve mucho más especial de lo que parece.

 

El Coyote que conocemos… pero que nunca habíamos visto así


Wile E. Coyote sigue siendo el mismo.

Sigue siendo obsesivo, ingenioso, desesperado y, sobre todo, tremendamente desafortunado.

Pero esta vez no está persiguiendo únicamente al Correcaminos.

Está persiguiendo justicia.

Después de que uno de los productos de ACME vuelva a arruinarle la vida —porque aparentemente ya hemos aprendido que comprar algo marca ACME es asumir voluntariamente un riesgo laboral—, el Coyote decide llevar a la compañía ante los tribunales.

Y aquí aparece Kevin Avery, interpretado por Will Forte, un abogado que termina convirtiéndose en su aliado.

Lo interesante es que el Coyote no gana inmediatamente.

De hecho, pierde.

Y me parece una decisión maravillosa.

Porque Wile E. Coyote siempre ha sido el personaje que pierde. Esa ha sido su esencia desde el primer momento. Por eso habría sido demasiado sencillo convertirlo de repente en un héroe que consigue justicia en el primer intento.

No.

Primero tiene que caer otra vez.

Como siempre.

Solo que esta vez hay una diferencia:

ya no tiene que levantarse solo.
 

El eterno perdedor descubre algo inesperado


Creo que esta es la parte que más me gustó de la película.

Porque durante toda su existencia, el Coyote parece condenado a estar solo.

El Correcaminos corre.

El Coyote persigue.

ACME vende.

El Coyote compra.

Y el ciclo vuelve a empezar.

Pero cuando decide enfrentarse a ACME, descubre que hay más personajes que han sufrido exactamente lo mismo.

Y entonces su pequeña batalla se convierte en algo mucho más grande.

Lo que comenzó como la historia de un pobre coyote intentando conseguir justicia termina convirtiéndose en una lucha colectiva.

Y ahí está, para mí, el verdadero triunfo del personaje.

No necesariamente ganar.

Sino descubrir que había alguien dispuesto a correr a su lado.

Y quizá por eso esta película me hizo pensar en algo que ya hemos hablado por aquí. En ocasiones creemos que para seguir adelante tenemos que hacerlo todo solos, cuando quizá lo que necesitamos es volver a conectar con aquello que nos hace bien y con las personas que realmente están ahí.

Como escribí en “Dedícale 30 minutos a lo que amas”, también necesitamos hacer espacio para las cosas que nos devuelven un poquito de nosotros mismos.

El Coyote, a su manera, también necesitaba encontrar algo que fuera más allá de perseguir y fracasar.
 

Y entonces aparece el Correcaminos


Si hay un momento que me parece especialmente bonito es cuando el Correcaminos finalmente rompe uno de los silencios más largos de la historia de la animación.

Después de casi setenta años de persecuciones, golpes, explosiones y trampas, admite que considera al Coyote su amigo.

Y sí.

Puede parecer extraño.

Después de todo, ¿cómo puede ser tu amigo alguien que lleva décadas intentando atraparte?

Pero quizá precisamente por eso funciona.

Porque ellos se necesitan.

El Coyote necesita perseguir al Correcaminos.

Y el Correcaminos necesita al Coyote para que exista esa eterna carrera.

Su rivalidad nunca fue realmente una historia de odio.

Era una historia de compañía disfrazada de persecución.

Y creo que esa pequeña revelación cambia por completo la manera de mirar a estos dos personajes.

También me hizo recordar algo que hemos conversado en otra de nuestras reseñas: ¿realmente conocemos a las personas que creemos conocer? A veces compartimos años de historia con alguien y aun así existen partes de esa persona que nunca habíamos visto.

Si quieres volver a esa reflexión, puedes leer “¿Realmente conocemos a la persona que…?”.

Y quizá eso es justamente lo que ocurre aquí.

Creíamos conocer al Coyote.

Pero esta película nos permite verlo desde otro lugar.

 

Una película que terminó pareciéndose demasiado a su protagonista


Hay algo casi increíble en la historia detrás de Coyote vs. Acme.

La película estuvo a punto de desaparecer.

Terminó atrapada en una situación en la que su propio estudio podía convertirla en una pérdida contable en lugar de permitir que el público la viera.

Y entonces comenzó otra persecución.

Solo que esta vez el Coyote no estaba solo.

Personas de la industria, cineastas y fanáticos comenzaron a defender la película.

La cinta terminó encontrando una segunda oportunidad y llegando finalmente a las salas.

Y aquí aparece una de esas coincidencias que parecen escritas por un guionista:

una película sobre un personaje que se niega a rendirse tuvo que negarse a rendirse en la vida real.

El Coyote llevaba toda su vida luchando contra ACME.

Y esta película tuvo que luchar contra algo mucho más real: la maquinaria de Hollywood.

Por eso me parece imposible separar completamente la película de su propia historia.


Humor, caos y mucho corazón


Por supuesto, Coyote vs. Acme sigue siendo una película de Looney Tunes.

Y gracias a Dios por eso.

Tenemos explosiones, persecuciones, accidentes imposibles y ese maravilloso humor slapstick que convirtió al Coyote en una leyenda.

Pero detrás de todos esos golpes hay algo más.

Hay una historia sobre perseverar.

Sobre levantarte después de haber caído por el precipicio número 847.

Sobre descubrir que pedir ayuda no te hace menos fuerte.

Y sobre entender que quizá el verdadero problema nunca fue perder.

Quizá el verdadero problema era creer que estabas solo.
 

¿Y qué pasa con el Coyote al final?


Aquí está lo bonito.

Después de todo el caos, de la batalla contra ACME, del juicio y de haber conseguido algo mucho más grande que una simple compensación, el Coyote vuelve al desierto.

Y allí está nuevamente el Correcaminos.

Esperándolo.

La carrera continúa.

Porque algunas cosas no necesitan cambiar.

Y creo que ese final es perfecto.

Wile E. Coyote no deja de ser el Coyote.

No se convierte mágicamente en un ganador.

No abandona su obsesión.

No deja de perseguir al Correcaminos.

Simplemente descubre que ahora hay alguien que lo acompaña.

Y quizá esa sea la mayor victoria que podía tener.


 


Mi veredicto ⭐⭐⭐⭐4/5 


Coyote vs. Acme es una película divertida, absurda y muy consciente de lo que significa crecer con estos personajes, pero también es una pequeña historia sobre la resiliencia.

Sobre ese personaje que todos conocemos por fracasar una y otra vez y que, sin embargo, siempre vuelve a intentarlo.

Porque eso es lo que hace especial a Wile E. Coyote.

No gana.

Pero nunca se rinde.

Y después de verlo caer durante tantos años, fue bonito descubrir que, al final, no estaba tan solo como parecía.

Quizá ese sea el verdadero milagro de Coyote vs. Acme.

No que el eterno perdedor finalmente haya ganado.

Sino que finalmente descubrió que había alguien dispuesto a quedarse a su lado después de cada caída.

Y mientras haya alguien esperando al otro lado del desierto...

el Coyote siempre tendrá una razón para levantarse.

Y correr una vez más.

Beep beep. 🐺💨

¿La recomendaría?


Sí. Especialmente si creciste con los Looney Tunes y alguna vez sentiste cariño por ese pobre Coyote que jamás consiguió atrapar al Correcaminos.

Porque esta vez, aunque parezca increíble, su historia no trata de atraparlo.

Trata de encontrarse a sí mismo.

Y de descubrir que quizá nunca estuvo solo.

Y tal vez por eso esta película encaja tan bien con las historias que hemos ido compartiendo en el blog: porque una vez más terminamos hablando de algo que va mucho más allá de una película.

De encontrar tiempo para lo que amamos.

De mirar con nuevos ojos a las personas que creemos conocer.

Y de entender que, incluso después de caer una y otra vez, siempre podemos encontrar una razón para levantarnos.

Quizá eso es lo que me gusta de escribir estas reseñas.

Que una película puede terminar y los personajes pueden desaparecer de la pantalla, pero alguna pequeña parte de su historia se queda con nosotros.

Esta vez me quedo con el Coyote.

El eterno perdedor.

El que nunca consigue atrapar al Correcaminos.

El que se cae una y otra vez.

Pero que finalmente descubrió algo que quizá nosotros también olvidamos de vez en cuando:

no tenemos que hacerlo todo solos. 💕

Sueanny Quezada